Juan 5:2-8 “Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: ``Levántate, toma tu lecho, y anda”.
Así como le sucede a un disco duro, cuando recibe en su sistema ciertos virus, que comienza a trabajar de manera lenta, rinde menos, entre otras cosas, ocurre lo mismo cuando a nuestra mente, ingresan archivos que se encuentran infectados.
Muchas veces, los conceptos erróneos que manejamos, más los temores, sumado a malas experiencias, nos impiden operar de la manera en que fuimos diseñados por Dios.
La biblia nos dice acerca de esto lo siguiente:
Génesis 1:28 “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.
Si no desinstalamos esos temores y conceptos equivocados, indudablemente van a ir socavando en todo lo que ejecutemos en la vida y el resultado será dolor, pérdida y desilusión.
Hay que desaprender
La mitad del aprendizaje consiste en aprender y la otra mitad del aprendizaje consiste en desaprender.
Lamentablemente, desaprender es lo más complicado porque se vuelve doblemente difícil aprender.
Tal vez te exija el doble de tiempo, te pida dejar atrás ideas que para ti fueron una verdad pero que nunca te llevó a concretar cosas determinantes para tu vida.
Imagina que vas en tu auto y por un momento estás tan concentrado escuchando una música o hablando con tu compañero de viaje, que te pasas la entrada de tu destino, y es allí donde tendrás que buscar otra salida y devolverte, es decir, cada kilómetro que recorras en la dirección contraria, es en realidad un error de dos kilómetros.
Resulta más difícil sacar de la mente los viejos patrones de pensamiento que poner nuevos pensamientos en ella.
Por ejemplo, levantar un pequeño negocio en este nuevo tiempo, llevar una relación con transparencia, ser un trabajador honesto, ser un cristiano firme, en fin, son muchos aspectos los que podríamos mencionar.
El Desafío de Jesús
Cuando lees con detenimiento las escrituras, te das cuenta que el objetivo principal de las enseñanzas de Jesús, no era el aprendizaje sino el desaprender. Él buscaba manejar las mentes religiosas a la inversa.
Incluso, su fin, no era impresionar a los eruditos, fariseos o escribas con un milagro, una señal, porque a esta mentalidad no se le demuestran cosas, se le confronta.
No se trata de condenar, sino llegar al corazón derribando estructuras, ya que es posible que este tipo de mentalidad (religiosa) sean las más complejas de cambiar.
Su mensaje siempre confrontó el pensamiento común de los expertos de la ley.
En una ocasión, en el libro de Mateo 5:38-39 Jesús expresó: “Oísteis que fue dicho: ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa” y la final concluye con la enseñanza que menos se esperaban, “Ama a tu enemigo y bendice al que te maldice”.
Jesús estaba desinstalando viejos conceptos, que eran el común denominador, para así establecer la nueva cultura del Reino.
Desinstalando falsos conceptos
Para crecer espiritualmente, una mitad consiste en aprender lo que no sabemos y la otra parte consiste en desaprender lo que Sí sabemos. Muchas veces el no desaprender de los viejos esquemas y antiguos conceptos, terminará impidiendo que lleguemos a ser lo que Dios quiere que seamos desde la creación.
Lo que leímos en Juan capítulo 5 es un importante ejemplo de lo que significa desaprender.
Un hombre que llevaba 38 años lisiado, postrado en un mismo lugar, Jesús se le acerca y le pregunta si quiere ser sano.
Este hombre llegó a suponer algo que le había costado 38 años de su vida. Te pregunto, ¿Cuántos años de tu vida te está costando aquello que hoy estás creyendo? Porque este hombre solo tenía una categoría en cuanto a la sanidad.
Basado en una antigua superstición, él daba por sentado, que tenía que ser el primero en entrar al estanque de Betesda, cuando se agitaba el agua para poder ser sano. En otras palabras, este hombre era prisionero de lo que sabía. Y cuando eres prisionero de lo que sabes, te vuelves víctima de tus derrotas.
Cuando eres esclavo de tus conceptos, buscas justificar con la biblia, el por qué no has avanzado, cambiado, queriendo evidenciar el estancamiento obtenido. No puedes ser un cristiano preso de tu mente.
Jesús desinstaló esa creencia errónea con una palabra: “levántate, toma tu lecho y anda”. Jesús lo liberó física, emocional y espiritualmente.
Hasta que no desaprendas de los falsos conceptos, siempre serás cautivo y oprimido por las circunstancias, solo Jesús nos hacer verdaderamente libres.
Llamado al cambio
Jesús viene a cambiar nuestra cosmovisión para lograr el cambio que anhelamos. A este hombre le costó 38 años, pero estuvo dispuesto a desaprender y con una palabra fue libre y sano. Hoy Jesús te dice lo mismo, ¡levántate! No busques entenderlo, no preguntes porque llegó después de 38 años, solo disfruta que llegó, disfruta su presencia, recibe lo que tiene para ti.
Toma tu lecho y anda. La postración ya no es para ti. Para recibir algo nuevo, debes soltar lo viejo. Recuerda, Jesús, es el antivirus correcto para hacer de nuestras vidas, un canal por mediante el cual fluya sanidad, bendición, resultados y vida eterna.
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Juan 5:2-8 “Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua…. Seguir leyendo →