¡No necesitas hundirte!, Jesús sigue estando al control. 

Uno de los pasajes más famosos del nuevo testamento es cuando “Jesús anda sobre el mar” en Mateo 14: 22- 31…

Dice la Biblia, que Jesús caminó hacia los discípulos andando sobre el mar, durante la cuarta vigilia de la noche; ellos, al verle, tuvieron miedo, y se turbaron diciendo ¡Un fantasma!.

27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!

Ciertamente Pedro tuvo miedo porque la tempestad, el viento, las olas, lo hicieron dudar de que Jesús estuviera al control.

Así pasa con las circunstancias adversas en nuestras vidas, estas nos hacen perder la fe, la visión, y olvidamos que Jesús está al timón de nuestro barco. 

La tempestad puede llegar a dominar tu carácter, tu vida, tu hablar; esta se convierte en ansiedad.

Es así como le pierdes valor a la vida, ya no disfrutas el sol, te olvidas de sonreír y de agradecer por lo que tienes a tu alrededor.

Hay episodios de mucho temor que generan ansiedad en nuestras vidas.

Es esa angustia prolongada la que se  aferra a lo profundo del alma, lastima, hiere y daña. No son grandes problemas, solo la sensación de que “algo malo” puede ocurrir y no tener la certeza, o la fe de que Dios está al control.

Esta ansiedad puede dejarte en un estado neutral, sin tomar retos, sin afrontar desafíos, sin creer que Dios lo puede hacer.

Es una lluvia de dudas que te hacen creer en un futuro muy incierto, una inquietud, un recelo, que te crea miedo y desolación. Te hace estar parado, sin la motivación de que algo nuevo y grande puedes lograr.

La ansiedad te hará ver amenazas en cualquier escenario, sin dejar que el “poder de Dios actué sobre ti”.

Cuando cedes a las dudas puedes quebrar tu fe, y comienzas a experimentar un ahogo espiritual que puede hacerte obsesionarte con tu problema, olvidándote de Dios.

PERO CUANDO MIRAS A DIOS EL PROBLEMA DISMINUYE

DIOS SIGUE ESTANDO AL CONTROL 

El salmista lo expresó claramente: Salmo 121: 1-3

Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?

2 Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.

3 No dará tu pie al resbaladero,
Ni se dormirá el que te guarda.

“EL QUE TE GUARDA NUNCA DUERME”, puedes vivir con esta promesa, confiando en que Jehová te cuida y te guarda todos los días de tu vida. Extiende tu mirada hacía él, porque cuando…

MIRAS A DIOS EL PROBLEMA DISMINUYE

No desvíes tu mirada, la Biblia dice en Hebreos 12:2 “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”…

Siempre mantén tu mirada enfocada, y cuando llegue la tempestad, entonces Jesús traerá calma.

Cuando tienes el enfoque adecuado, ya no te concentras en lo que te intimida, te desanima, o te distrae; Pedro olvidó que Jesús estaba al otro lado de la barca y se enfocó en el viento, las olas, y la oscuridad, esto lo llevó a tener mucho miedo; y a dudar.

No puedes inquietarte, no permitas que la ansiedad te deje sin aliento, con un corazón insensible que se abate por las preocupaciones de esta vida.

El apóstol Pablo le escribió a los Filipenses 4:6 “6 No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.

No puedes exagerar todo lo negativo que te acontece, debes pedir que la Paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, llene tu corazón.

El apóstol Pablo sabía que el afán les podía robar su milagro, por eso les decía “No se afanen por nada”. Si algo les generaba ansiedad, solo debían colocar sus peticiones delante de Dios.

El apóstol Pablo le da una máxima muy clara a los filipenses para vivir sin afán: “Alégrense por todo lo que les acontece”, una manera de vivir agradecido con Dios, de confiar en su bondad y su poder, teniendo la certeza que de que Dios lo hará.

Así que siempre recuerda,  NO NECESITAS HUNDIRTE. 

Pedro dejó que la duda lo atrapará, sin embargo cuando exclamó al Señor, Jesús extendió su mano, y no permitió que se hundiera.

Dios siempre ayuda a los que claman, así como cuando el salmista exclamó: “Sácame del fango; no permitas que me hunda. Líbrame de los que me odian, y de las aguas profundas.” (SALMOS 69:14)

JESÚS SIEMPRE ESTÁ AL CONTROL, NO NECESITAS HUNDIRTE.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA

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