Es muy común escuchar en nuestras iglesias o grupos de reuniones gente decir que “está enamorada de Jesús” y realmente puede ser verdad, pero la diferencia de un amor real siempre estará en los hechos. 

Cuando nosotros observamos el ministerio de Jesús en la tierra, vemos a un hombre lleno de misericordia que su fin siempre fue dar vida y libertad a los cautivos. 

En esta máxima podemos encontrar la diferencia de amar a Jesús, o solo ser un cristiano conforme a los principios éticos y morales de una iglesia; pero no dan una milla más por el reino de Dios. 

Para ser más específico, a menudo vemos gente que diezma, ofrenda, se congrega, y su conducta es intachable, pero son lo mismo que no tiene compasión por el prójimo y los primeros en arrojar piedra cuando alguien cae. 

Hay que tener algo presente; Jesús no nos llamó solamente a ser buenas personas. Es más, el mundo está lleno de buenas personas, y si bien es cierto debemos ser íntegros, no podemos olvidarnos que el señor nos mandó a ser dadores de vida. 

La biblia es muy clara cuando dice: 

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.

“Éste es el primero y grande mandamiento. “Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37–39).

Enamórate del Salvador 

Muchas personas en sus vidas se conforman con un Jesús como un salvador personal, pero pocas entienden que el amor hacia el maestro evoca otras características. 

Cuando vemos el ministerio de Jesús en los evangelios, observamos que El Señor siempre estuvo cerca de sus discípulos. Estos eran sus compañeros, y vivieron parte de su vida acompañándolo. 

Tenemos a un Pedro que siempre mostró su fidelidad al Señor. Fue el primero en declararle a Jesús que este era el “hijo del Dios viviente”, pero el Señor reconoció que en él operaba el enemigo. 

Juan, el discípulo amado tuvo la virtud de recostar su cabeza sobre el pecho del Maestro. 

Es más, se dice que tenía una verdadera relación de amistad con Jesús. Pero a veces usaba esta ventaja para siempre tener un privilegio ante el maestro, por algo Jesús los llama los “hijos del trueno”. 

Estos hombres amaban al SALVADOR, pero dentro de ellos aún eran gobernados por su naturaleza terrenal. 

Sin embargo el Señor nunca los desechó. Pero luego, estos mismos maestros de Jesús mostraron un mayor nivel de amor, adoración y fe, luego de la muerte y resurrección de Jesús. 

La biblia dice, en el libro de Apocalipsis que Juan tuvo un nuevo encuentro con su maestro. El apóstol estaba preso a causa de su ministerio y su compromiso con el reino. 

Aquí la muestra de amor, que a pesar de la tribulación. Siempre permaneció haciendo la voluntad del Padre, y el SEÑOR siempre se le reveló. 

Amor es obediencia natural 

Sin ser obligado, Juan decidió mantener el ministerio. Tanto él como los demás apóstoles de Jesús se enfrentaron a persecuciones, conflictos, prisiones, pero mantuvieron siempre la fe en el nombre de Jesucristo. 

Esto nos habla de una obediencia absoluta, de aquella que no pide razones, sino que solamente cree y su fe le hace ir más allá de su propia carne.

Cuando decimos que amamos a Dios, es porque el Señor ha hecho algo en nosotros. Tal vez nos sacó de la ruina, la depresión, la soledad, el maltrato, las drogas, o cualquier otra aflicción. 

A Pedro lo hizo pescador de hombres, y a Pablo un gran apóstol. A la mujer adúltera la hizo vivir dignamente, y a Batirmeo le concedió la vista. Todos con miles de razones para amar a Jesús. 

Después de ese maravilloso acto que Jesús hace por nosotros, nuestro siguiente paso debe ser obedecer lo que dice su palabra. Y sin duda, una de las primeras tareas es extender su nombre y su palabra. 

Si dices que amas a Jesús, entonces debes asumir tu rol en predicar su palabra

Ten un amor especial por los perdidos 

Lucas 19: 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Amar a los perdidos es una de las tareas que nos encomendó nuestro Dios. Y esto nos ayudará a desarrollar la compasión y a tener un corazón muy bondadoso. 

Cuando tomas tiempo para dar una palabra de aliento, para hablarles a otros de Jesús, o para dar techo al que está desamparado, verás cómo tu vida va cambiando y lograrás acercarte más a Dios. 

Si tienes la oportunidad de participar de un plan evangelístico en tu iglesia hazlo, y si no perteneces a una congregación, igual tienes la oportunidad de manifestar el amor de Cristo a otros. 

No tienes que ir muy lejos, a tu alrededor verás que muchas personas sufren. Hoy en día muchos son atacados emocionalmente y lo único que podrá liberarlos de la prisión es el amor de Jesús, pero no lo podrán experimentar si alguien no les habla de fe. 

Habla de Jesús, no niegues la fe 

Todos empezamos a vivir una vez que Jesús llega a nuestro corazón, incluso un encuentro con él nos cambia la vida. 

Cuando prediques, no tienes por qué hablar de humanidad, doctrina, o religión, solo debes hablar de Jesús y de su hermoso acto que hizo en la cruz por la salvación de nuestros pecados. 

Juan 3: 16 “ Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. 

Habla de Jesús con tus actos, con tu misericordia por el prójimo, con tu relación con los demás. En tu ambiente de trabajo, en tu escuela, en tu universidad o comunidad. Habla del Señor en tu familia, hay alguien que solo necesita escuchar el mensaje de Salvación y esto es la verdadera muestra de amor. 

Por suerte, en estos tiempos puedes predicar el nombre de Cristo sin miedo a ser apedreado, así que manifiesta tu fe al máximo. 

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