Gálatas 6: 1Hermanos, es posible que alguno de ustedes caiga en la trampa del pecado. Ustedes, que son guiados por el Espíritu, acérquense a él y ayúdenle a corregir su error. Pero ¡ojo!, háganlo con humildad, pues ustedes también pueden caer en tentación.

Cuando uno lee la biblia puede ver en el nuevo testamento muchos ejemplos de cómo Jesús era un restaurador de vidas. Jesús, más allá de juzgar a alguien por su pecado, o su pasado, buscaba restaurar sus vidas. Hoy en día no es así, estamos en la sociedad que juzga, que critica, que señala o que disfruta de los males ajenos. 

Estamos en la sociedad que hace bulla de separaciones de artistas, dejando mal visto el matrimonio, o negando la existencia del amor verdadero. Hoy pareciera que lo que aplaudimos es todo aquello que está en contra de Dios, pero no aplicamos la restauración. 

Como personas de fe debemos siempre tener un espíritu restaurador. 

Cuando una persona ha cometido una falla y esta arrepentida, nuestro deber como personas que aman al Señor, es buscar la manera y la forma de restaurarle, de edificarle, no solo de exhortarle. No ganamos nada con tener siempre ese dedo acusador que descalifica, que daña, que juzga, que critica y que no muestra el verdadero amor de Jesús. 

Veamos un ejemplo de restauración del maestro. En Lucas capítulo 8: 26-27 vemos que el Señor se encuentra con un hombre endemoniado, dice la biblia que tenía así mucho tiempo. 

Jesús lo libera del tormento espiritual, versículo 35: 35 La gente salió corriendo para ver lo que había pasado. Pronto una multitud se juntó alrededor de Jesús, y todos vieron al hombre liberado de los demonios. Estaba sentado a los pies de Jesús, completamente vestido y en su sano juicio, y todos tuvieron miedo. 

Cuando estudio la historia del endemoniado, puedo ver que muchas personas pueden padecer de una situación similar. Vidas desgastadas por el pecado, atormentados por las tinieblas, hundidas en depresión, agonía, desilusión. 

Incluso, algunos han perdido hasta la esperanza de solucionar sus problemas y se resignan a vivir se sepulcros de perdida. Tal vez no están atados físicamente, pero si espiritualmente. 

El hombre de la historia estaba atado física y espiritualmente, y la sociedad de ese siglo no podía restaurarle, en ellos no estaba la capacidad de poder mejorar su condición de vida, hasta que se encuentra con Jesús. 

Seguramente, su condición aterrorizaba a todos, seguramente era señalado constantemente, pero un día su encuentro divino lo sacó de esa condición. 

Hoy podemos reflexionar en algo: ¿hemos ayudado a alguien que permanece atado, o inmediatamente le rechazamos? 

Somos capaces de guiar a alguien por el camino de la liberación a los pies de Jesús, o solo nos dedicamos a juzgar su condición. 

La gente veía a un endemoniado, pero Jesús vio a un hijo, y es allí donde la historia cambia. Antes de ver lo poseído que estaba, el maestro se movió a compasión, a estima, a misericordia. 

Todos hemos vivido un momento de restauración en nuestras vidas, todos necesitamos de un momento de despegue donde alguien nos ayude a librarnos de la opresión y esto permitirá mejorar nuestra vida. 

Ahora bien, si estamos del otro lado, si hemos conocido el amor y la compasión del padre, debemos actuar como personas RESTAURADORAS. Somos el instrumento de Dios para traer liberación y paz a otros, así que no pierdas el tiempo juzgando o criticando a quienes aún permanecen atados, al contrario estimúlales por medio de la fe, a transformar sus vidas. 

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