Juan 8: 1 Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Existen momentos en nuestras vidas donde nosotros mismos nos condenamos por las acciones o cosas que hemos realizado en el pasado. Definitivamente, todos somos victimas en una u otra ocasión de la condena. 

Si bien es cierto que existen personas que nos juzgan por nuestros errores, muchas veces nosotros mismos también nos auto condenamos y no nos permitimos avanzar. 

Hoy quisiera hablarte de un relato muy particular, este aparece en Juan 8, la mujer adúltera. 

Dice la biblia, que a ella la encontraron en pleno acto de pecado, y según la ley ella debía morir a pedradas. La biblia no dice el contexto ni la condición porque la mujer hacía esto, para todos es fácil saber que es un error, y juzgar sus acciones, pero el hecho es que tanto ella, como todos lo que les juzgaban, podían tener una vida de pecado, solo que ella fue descubiertas, y otros no. 

La mujer adúltera representa muchas personas hoy en día. Ella tuvo que enfrentarse a la condena del mundo, a la crítica, a la palabra irritante, de un pueblo, o una multitud tal vez gritándole ¡Ramera!

Muchas veces cuando fallamos, encontramos solo personas que se dedican a juzgar nuestras vidas, a decir lo que desde su criterio piensan, a decirnos el “qué deberíamos hacer”; sin ni siquiera ponerse en un momento en nuestros zapatos. 

Muy a menudo escuchamos personas hablando desde su propia opinión, sobre la vida de otros; pero pocas veces vemos a la misericordia de Dios empleada desde sus palabras. 

Imagínate por un momento a la prostituta, a ella la encontraron en pleno acto de adulterio, seguro mientras la llevaban a los pies de Jesús, no solo la insultaban, seguramente la maltrataban. Si especulamos en la historia, tal vez esta mujer estaba avergonzada por lo que había hecho, tal vez en más de un momento hubiese pensado ¡Si pudiera retroceder el tiempo!

En este escrito no quiero justificar su acción, solo quiero que por medio de ella, puedas comprender que ninguno de nosotros estamos exceptuados de la gracia de Dios. Seguramente, en el camino ella pensaba que si debía morir por ese error, pues las palabras penetrantes de la condena ya estaban en su mente. 

Y es que en nuestro diario caminar, en muchas ocasiones vivimos con esos pensamientos de condena. 

Cuando nuestra vida gira en torno al látigo de la condena, creo que difícilmente podremos vivir en una vida de bendición. 

En muchísimas ocasiones, un fracaso matrimonial nos hace pensar que ya no existirá otra oportunidad. En ocasiones, la pérdida de un ser amado nos hace llenarnos de culpa y de luto, y esto puede extenderse por la eternidad. 

La condenación es un sentimiento que todos padecemos. Imagino que la mujer prostituta no podía levantar la cara, imagino que la vergüenza le impedía avanzar.  

Imagino que sus propios pensamientos la hacían pensar que no era apta para recibir la misericordia de Dios. 

Así pasa con nuestras vidas, a veces la cárcel de la condenación nos hace limitarnos, nos hace pensar que no puede existir una segunda oportunidad, nos hace vivir aferrados a la amargura y el dolor. 

Y es que nuestros propios errores se vuelven en verdaderos gigantes, que sosiegan nuestra alma. Qué difícil se hace entender que hemos fallado, pero que hay un Jesús misericordioso que nos extiende su misericordia. 

La biblia dice, que la multitud arrojó a la mujer a los pies de Jesús. Todos esperaban la respuesta del Maestro, pero la biblia dice que Jesús se inclinaba en la tierra, y escribía en el suelo. La multitud insistía, pero Jesús respondió de forma magistral “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. 

La biblia dice que todos salían de uno en uno, desde el más viejo, al más joven, pues su conciencia ya había sido traicionada. De ese mismo modo, acercándose Jesús a la mujer, le preguntó ¿Dónde están los que te condenaban?, ¿ninguno te condenó?, ella respondió: ¿ninguno señor?, entonces Jesús vuelve hacer una respuesta magistral: ¡No yo te condeno!; vete y no peques más. 

En este pasaje no solo podemos rescatar el perdón de Jesús hacia nuestras vidas, sino la condenación que nosotros mismos encapsulamos en nuestro ser. El señor le pregunta a la mujer donde estaban los que la traían, los que la estaban juzgando, los que la señalaban, y ella cuando se sintió libre, vio que ninguno estaba. 

Y es que existe un momento de nuestras vidas donde debemos callar las voces de la condena, las voces de la culpa, las voces que nos griten que todo lo hemos hecho mal. 

Hoy esta palabra es para ti; suelta la vergüenza, pídele al maestro que te de vestiduras nuevas. Suelta la condenación, pídele al señor que traiga a tu vida la liberación. Suelta de tu vida todo aquello que te aflige, y que el gozo del señor te acompañe. 

El mismo Dios no es capaz de condenarte, así que fortalece tu mente con la mente de Cristo. Fortalece tu vida con la vida del espíritu. Y no permitas que los errores o pensamientos del pasado te hagan vivir en una vida de condena.  

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco 

compartir por messenger
compartir por Whatsapp