“El alma del perezoso desea y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada”. Proverbios 13:4

Cuando Dios crea al hombre le otorga responsabilidades como labrar la tierra y cuidar el huerto. “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase” Génesis 2:15. Para Dios, trabajo está relacionado con prosperidad. Dios bendice al que trabaja. 

El Edén era el lugar especial creado por Dios, Edén significa lugar delicioso, allí había abundancia de oro, abundancia de alimento y sobre todo protección divina; en todo ese entorno fue creado el primer hombre: Adán.

En medio de toda la creación, el Señor creó un espacio físico para el hombre con el fin de que se desarrollará, extendiera y multiplicará. Actualmente, vemos como la vida del hombre se desarrolla en lugares estrechos, de desilusión, de desánimo e insatisfacción, tanto así que se llega a ver el trabajo como un sacrificio y no como un deleite.

Se debe cambiar la percepción que generalmente se tiene del trabajo. El trabajo es una bendición, va más allá de tener una mentalidad de empleado; de aquel que recibe un salario por lo que hace. Dios está comprometido en bendecir a sus hijos. 

Deseo de Dios

Dios no solo nos creó en un entorno de prosperidad y abundancia, sino que Él desea que esto sea algo permanente en nuestras vidas. Y el Apóstol Juan lo expresa en 3 Juan 1:2 Amado yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”. La prosperidad, antes de ser un anhelo del hombre es un deseo de Dios.

Prosperar proviene de la palabra griega “Euodóo” que significa ayudar en el camino, tiene que ver con la idea de lograr, alcanzar, triunfar en los negocios. 

Dios depositó en cada uno de sus hijos capacidades únicas y le ha dado las herramientas necesarias para llevar a cabo con éxito lo que destinó desde antes de la fundación del mundo. En la biblia podemos encontrar como los grandes hombres escogidos por Dios, si tenían una buena relación con las cosas tangibles, eso significaba que estaban bendecidos, por ejemplo:

 Con Moisés fue la vara para abrir el mar en dos y permitir fue el pueblo de Israel cruzara y no ser derrotado por sus enemigos, con Sansón fue el cabello para mantener su fuerza y derrotar a los filisteos, con Elías fue el manto profético para hacer proezas en el nombre de Dios; todos ellos, necesitaron de una herramienta en sus manos para alcanzar cosas grandes.

Al justo le irá bien 

Dios necesita lo que tienes en tus manos para manifestar su bendición, lo podemos ver en el libro de Isaías 3:10 “Decid al justo que le irá bien, porque comerá del fruto de sus manos”. Con lo que tienes en tus manos es suficiente para alcanzar la prosperidad que viene del Señor. 

Vivimos en un tiempo inusual donde se han abierto muchos caminos para prosperar a través de los dones, talentos, capacidades y habilidades que hay en tus manos. Los frutos se van a manifestar a aquellos que han determinado aprovechar los recursos tecnológicos, intelectuales, físicos, entre otros, los cuales representan la vara o el manto para alcanzar lo prometido por Dios.

Más allá de los deseos

Más allá de los buenos deseos que una persona pueda tener para alcanzar la prosperidad, la biblia nos enseña que “el alma del perezoso desea y nada alcanza”. Tener sueños, metas, aspiraciones, es algo natural en la vida, pero todos esos deseos necesitan encontrar una persona que esté dispuesta a combatir el vivir por los estados de ánimo, por la pereza, por el desánimo, ya que por más que desee, nada podrá alcanzar.

Cuando vives solo por deseos, te vuelves preso de la inconstancia y de esa manera los frutos no se hacen visibles en tu vida. Santiago 1:8 dice: “el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”. Reconocer esta verdad hará que todo cambie, porque el deseo de Dios se hace fuerte en vidas enfocadas.

Dios desea que vivamos prosperados y para eso es necesario activar los códigos que están en su palabra, “más el alma de los diligentes será prosperada”

Diligencia para prosperar

“Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia, mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza” Proverbios 21:5.

Hacer las cosas a la carrera, no planificar, sin duda son caminos que conducen a la pobreza. La prosperidad es un fruto de la diligencia, de hacer las cosas con orden. Con solo ver el ejemplo de Dios al ordenar todo el caos que había al momento de la creación, es una muestra para tomar un tiempo y reordenar aquellas cosas que no se están haciendo bien si quieres alcanzar el éxito. 

Es muy importante desarrollar inteligencia financiera, la cual tiene que ver con el buen manejo del dinero. La inteligencia financiera no está relacionada con cuánto dinero ganas, sino cuánto dinero conservas, cuán intensamente trabaja ese dinero para ti y para cuántas generaciones lo estás conservando. Hay que adquirir habilidad para convertir el dinero o el trabajo en activos que generen flujo de dinero. Una persona diligente desarrolla una buena administración, con metas financieras claras y definidas. 

Consejos y recomendaciones

  • Establezca metas financieras: deben ser realistas y alcanzables: ¿Dónde quiere estar financieramente de aquí a 12 meses? (metas cortas), ¿Dónde quiere estar de aquí a 5 años? (metas a largo plazo)
  • Tome el control del destino de su dinero, sepa para donde se va su dinero cuando sale de sus manos; el destino debe ser para adquirir bienes que le generen riquezas no adquiera bienes que le generen más gastos.
  • Evite a toda costa las deudas y si las tiene, empiece a reducirlas.

Active la generosidad al Señor, “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia” 2 Corintios 9:10. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

 

 

 

 

 

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