“La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto” Salmo 25:14 

La oración es mucho más que pedir cosas. En nosotros, los creyentes, está muy arraigada la idea de la oración como una larga lista de supermercado y un Dios generoso complaciendo nuestras peticiones.

Cuando le pedimos algo, Él, en su enorme misericordia, nos responde. Pero qué triste es creer que la oración, ese enorme misterio instituido por el Señor, es solo eso. Reducir la oración a pedir y recibir, es minimizarla. Es rebajarla a una muy baja expresión. No está mal pedir, lo malo es pensar que allí se acaba todo. 

La esencia de la oración, es que mientras pasamos tiempo a solas con él, nos transforma. Él nos llena, nos habla, nos limpia, nos indica que cosas dejar, que cosas seguir, nos consuela, sobre todo nos bendice y nos llena de gozo. Si uno va respondiendo al Señor en la dirección que nos va marcando, recuperaremos la paz en medio de la angustia y aunque la cosas no hayan pasado del todo, en Él está nuestra seguridad.

En su presencia podemos recuperar algo que se pierde con la religión: La expectativa. La esperanza de saber que Dios hará cosas muy grandes. La ansiedad de saber cómo será el nuevo capítulo que nuestro buen Dios ha planeado para nuestra vida.

Buscando el rostro de Dios

¿Cuál es el momento oportuno de Dios para tu vida? ¿Cuándo se despierta hambre y sed por Él? Todas las bendiciones, todas las cosas que Dios pone en tus manos son buenas y gratificantes, mientras no pierdas su presencia.  Moisés es un claro ejemplo de caminar con la presencia de Dios:

“Ahora pues si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Y Moisés respondió: Si tu presencia no va conmigo, no nos saques de aquí” Éxodo 33:13-15

El día que su presencia no está, hasta su bendición se transforma en algo vacío. Porque lo que le da sentido que tu inviertas y hagas feliz a la gente, no es que tengas lástima de las personas sino la presencia de Dios, porque eso te hace actuar de manera distinta, y te produce gozo.

Buscar su rostro nos hace entrar en plenitud, y comienzas a tener ansias por su presencia. ¿De qué te sirve ganar al mundo y reinar si pierdes la presencia de Dios? Porque si lo tienes a Él, todo va a estar bien.

En el caso de Moisés, le pidió al Señor, en medio del tabernáculo de reunión (la oración) que le mostrara el camino, para poder guiar lo que había confiado en sus manos. Necesitamos que el Señor esté con nosotros a donde quiera que vayamos.  Este debe ser nuestro ruego, nuestra súplica, “Si tu presencia no va conmigo”. 

Si su presencia no está con nosotros, no hay seguridad, todo se vuelve incierto. Las condiciones puede que estén dadas, pero es su presencia la que nos da el aval de que tendremos la victoria en medio de la batalla. Su presencia te da la victoria en tu matrimonio, su presencia te da la victoria económica, su presencia te da la victoria ministerial, solo su presencia es lo que necesitamos para salir del lugar donde estamos y pasar al nuevo nivel que tiene Dios asignado para cada uno de sus hijos.

La biblia dice, si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a Él tus manos…

Disposición del corazón

“Si tú dispusieres tu corazón, Y extendieres a él tus manos; si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echarás de ti, Y no consintieres que more en tu casa la injusticia, Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, Y serás fuerte, y nada temerás, Y olvidarás tu miseria, O te acordarás de ellas como aguas que pasaron. La vida te será más clara que el mediodía; Aunque oscureciere, será como la mañana. Tendrás confianza, porque hay esperanza; mirarás alrededor y dormirás seguro. Te acostarás, y no habrá quien te espante, y muchos suplicarán tu favor” Job 11: 13-19

Es más fácil buscar el rostro de Dios y su mano cuando se está pasando necesidad y angustia, porque necesitamos que haga un milagro, que cuando estás bien, cuando ya tienes, cuando la cuenta del banco está a tu favor; cuando te comienzan a andar bien las cosas.

Cuando la bendición comienza a llegar, se corre el riesgo, en vez de disponer el corazón, de engrosar el corazón, por eso la palabra de Dios dice: “si dispusieres tu corazón”, es que buscar su rostro te produce una profunda disposición del corazón, y eso ya es un milagro, porque la parte más difícil de conocer y de manejar en un hombre es su corazón, su hombre interior.

Oración, comunión y pacto

“La comunión intima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto” Salmo 25:14

Para la oración no hay secretos, solo se necesita disposición, expectativa y fe. Una vez que determinas entregar tu corazón al Señor en oración, esa comunión activa maravillas, te da acceso a cosas que nunca antes pensaste lograr, imaginar o alcanzar. 

¿Puedes imaginar lo que significa que Dios te permita conocer su pacto? “y a ellos hará conocer su pacto”.  Aprovechemos al máximo la oportunidad de pasar tiempo con el Señor, es allí donde conoceremos el plan diseñado desde la eternidad para nuestras vidas. Más allá de las cosas que vemos, existe un diseño que sobrepasa nuestro entendimiento, nuestra sabiduría.

Es tiempo de levantar el rostro, de recuperar la confianza, de acostarte en paz y amanecer fortalecido, de extender las manos y reconocer que solo su presencia nos hará vivir tranquilos. La oración es tu mayor arma para hacer frente a los embates del día a día. Tu realidad es Cristo, fuera de Él nada tiene sentido.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

 

 

 

 

compartir por messenger
compartir por Whatsapp