Mateo 8:24 “Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía”.

Estas líneas van dedicadas a todas esas personas en las que la tempestad ha sido tan grande que cubren por completo su vida y no encuentran salida, esas personas que en el momento de la tempestad vemos que Jesús duerme y no responde a nuestro clamor.

¿Cuántas veces has visto la tormenta caer sobre tu vida? 

¿Cuántas veces has reprochado al maestro por no responder? Creo que ningún ser humano está exento de vivir un escenario como este, oraciones en momentos cumbres que parecieran no tener respuestas, silencios que lo que traen son más angustia y desesperación.

Pareciera que a Dios no le importara lo que estamos atravesando y se echa a dormir, o por lo menos así lo vemos nosotros, distante y callado mientras clamamos y cuestionamos su voluntad. 

Muchas veces la tormenta cae sobre nuestras vidas y sin avisarnos, pareciera que nos ahogamos entre sus aguas, sin salida, sin retorno, sin auxilio.

El origen de tu incredulidad

¡Señor sálvanos! que perecemos! Muchas veces esta ha sido nuestra oración, ya en la recta final nos desplomamos porque en nuestras propias fuerzas no podemos hacer absolutamente nada, entonces clamamos Abba padre, sálvame, toma el control, háblame, responde.

Y Jesús duerme a un lado de la tormenta mientras nosotros estamos viviendo crisis y angustias.

El origen de nuestra incredulidad nace cuando parece que Dios no nos libró de la tempestad o cuando la respuesta del padre fue distinta a la que estábamos pidiendo, y es que lamentablemente tenemos a Dios condicionado a nuestra voluntad y no nosotros esclavos a la suya.

Muchas veces oramos señor que se haga tu voluntad, pero el día de la prueba confesamos y declaramos la nuestra sin preguntar al padre cuál era la suya.

¿Quién es Jesús para ti?

Para muchos Jesús no es su Señor sino un comodín al cual acuden en los momentos de gran tribulación,  para otros Jesús es el mago de la lámpara mágica al cual frotamos para que nos de deseos, pero Jesús es mucho más que una respuesta condicionada.

Es un poco fuerte decirlo, pero Jesús es mucho más que una noche de tempestad, que una pérdida, que unos días de dolor. Jesús es fuente de vida eterna.

Jesús es nuestro Señor y esto indica que aunque no veas respuestas a lo que estás viviendo, Él está presente y su perfecta voluntad sobre tu vida él la esta cumplimento, aunque esa voluntad  en muchas ocasiones sea cuestionable por nuestro racionamiento.

Su palabra dice que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida y todo aquel que en Él cree no se perderá sino que tendrá vida eterna, Jesús es el camino que debemos tomar en momentos de crisis, no hay otra salida.

No tengas temor si Jesús está en tu barca

El maestro les dijo ¿por qué temen? Y esa misma pregunta la está haciendo en este momento, si Él está en tu barca no hay por qué tener temor si su perfecto amor está sobre nuestras vidas.

Dice la palabra que se levantó y reprendió los vientos y estos obedecieron, hoy Dios está levantándose a tu favor para calmar la tempestad que te está atacando, solo debes buscarle. Define qué tempestad estás atravesando y busca la persona correcta, los discípulos fueron a su Señor.

¿A quién buscamos en medio del conflicto?

Busca a tu señor pero no para que te responda sino para que encuentres consuelo y refugio en él, entonces la respuesta saldrá a tu favor. El problema radica cuando buscamos al Señor solo para que nos responda y no para refugiarnos en El.

La respuesta a tu vida es Jesús, los vacíos que estás experimentando tienen forma de Él, la crisis por la que estás atravesando solo podrás encontrar respuesta en El. 

Recuerda el Señor está presente en cada tempestad de tu vida y aunque pareciera que duerme, él solo está esperando que clames a él, que lo busques y que permitas que sea él quien calme tu tempestad. Jesús no duerme y él guarda en perfecta paz los pensamientos que en él confían.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

 

 

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