“Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre la cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle”. Lucas 4:29

La biblia es más que un libro. Es la palabra de Dios, que fue dada a los hombres para cumplir con su propósito de existencia en la tierra. Entre las cosas que más destacan en ella, se encuentran las promesas determinadas para la humanidad. 

Dios, en su deseo de ver al hombre en su nivel más alto, tal como lo dice Génesis 1:28 Y los bendijo Dios y les dijo: fructificaos y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en las todas las bestias que se mueven sobre la tierra”, envió a Jesucristo para que, al acercarnos a él, nos apropiáramos de sus promesas y de esta manera vivir a la altura de nuestro propósito de creación.

La alegría de recibir

Cuando alguien recibe una promesa, comienza a desarrollar emociones de felicidad, alegría, incluso desespero, hasta que llega el día y obtiene lo prometido. 

Supón que un día una persona te promete que te va a obsequiar un bien preciado, como una casa, un vehículo, o algo que tal vez no esperabas, ¿cómo serían tus siguientes noches?, te aseguro que no dormirías de la emoción, hasta el momento que lo tengas en tus manos. Es que a nadie le molesta recibir una noticia como esta. 

Todo lo que viene de Jesús es bueno. Cabe destacar que la bendición de Dios no añade tristeza con ella sino gozo, y como hijos de Dios, necesitamos aprender a recibir lo que viene de él para no terminar rechazando sus promesas.

Las promesas alegran el corazón 

Jesús vino a Galilea donde se había criado y comenzó a declarar en Lucas 4:18 sus promesas. Los pobres recibirían buenas noticias, los quebrantados serían sanados, los cautivos recibirían su libertad, los ciegos comenzarían a ver, los oprimidos serían libres y tendrían su mejor año.

Al instante todos se maravillaron, ¿Y quién no?, ellos acababan de recibir las mejores noticias en años, todos comenzaron a hablar bien de su nombre, porque las promesas no incomodan, al contrario, desatan felicidad.

Era notorio como las palabras que salían de la boca de Jesús estaban cargadas de gracia, esperanza y favor. Hasta el momento todo era glorioso, la unción del espíritu estaba siendo derramada sobre cada vida y el Reino de los cielos estaba siendo plantado en cada corazón. 

Lo que realmente incómoda

Las palabras declaradas por Jesús, vienen de todo lo que años atrás los profetas habían hablado, visionado e incluso, los maestros de la ley, los judíos, fariseos y creyentes, las estaban esperando. Pero hubo una frase detonante que incomodó a los que estaban presentes en medio del discurso de Jesús. 

“Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” Lucas 4:21

Las promesas de libertad alegraron a todos, pero cuando Jesús habló de tiempos cumplidos, muchos comenzaron murmurar y criticar lo impartido. El menosprecio se hizo evidente y entre ellos se preguntaban, ¿no es este el hijo de José?, es decir, dejaron de ver lo divino, comenzaron a ver su humanidad y de esta manera crearon una división entre lo declarado por Dios y lo que ellos querían recibir.

Desenmascarando el problema

¿Por qué se volvió un problema que Jesús haya venido a hacer realidad las promesas esperadas? 

Los religiosos de la época ya habían creado un método de vida donde el dolor, la falta de visión y la pobreza, eran el común denominador por medio el cual, las personas eran esclavas a sus sistemas desviados donde el pobre sería más pobre, pero esperaban una promesa, el esclavo más esclavo, pero esperaban una promesa y Jesús destruiría estos sistemas convirtiendo las promesas en tiempos cumplidos.

Jesús es el enemigo principal de las prácticas y costumbres que quieren limitar la vida del hombre. Su solución es poner punto final a las tradiciones religiosas cargadas de esperanza, pero sin capacidad de respuesta, que llevan al hombre a vivir esperanzados por una mentira. Cristo es el cumplimiento de lo prometido.

El verdadero evangelio

Cuando Jesús llega a tu vida, debes estar dispuesto (a) a no vivir solo de promesas. Debes permitir que Dios desbarate en tu vida aquellas estructuras que en una etapa las viste como normal, pero te mantienen atado al dolor y la ruina.

Es anormal perdonar cuando te hacen daño, pero sin duda, el no hacerlo, permitirá que el rencor y la obstinación se vuelva parte de tu día a día y aunque no te falten promesas, si no llega el tiempo de extender perdón, vivirás con un corazón en amargura. 

El evangelio de Cristo es de tiempos cumplidos, el hombre te puede prometer, pero Jesús te promete cumplir. 

No eches fuera a Jesús

“Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre la cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle”. Lucas 4:29

Solo aquellos que no quieren ver tu vida diferente, cambiada y transformada, son los que buscarán echar fuera a Jesús para que su promesa no se cumpla en ti.

Estamos en medio de un sistema cargado de falsos ofrecimientos, tanto así, que a muchos les cuesta creer lo que viene de padre. 

Dios no es hombre para mentir. Recuerda que estamos hablando del creador de todas las cosas, del ala y el omega, quien conoce el principio y el fin. En su plan de salvación no hay espacio para la duda, para el temor y aunque muchos quieran oponerse y echar fuera a Jesús, todo será hecho.

Él quiere recordarte hoy, que todo lo que ha dicho a favor de tu casa, de tu matrimonio, de tus finanzas, de tus hijos se cumplirá. 

Los fariseos lo echaron fuera de su ciudad al oír sus palabras. Cuando sacas a Jesús de tu vida, estás abortando a sus promesas. Este es el tiempo de ver el cumplimiento fiel de su palabra en nuestra vida.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

 

 

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