“El Señor tiene en sus manos el destino del ser humano, ¿quién podrá entender lo que pasa en su vida?” (Proverbios 20:24 PDT)

Ver la oración contestada es el anhelo de todo corazón que se acerca a Dios confiadamente. Sobre todo, si de manera insistente acudimos a su ayuda para ser liberados de la dificultad que nos aqueja. 

Cuan glorioso es experimentar tal gozo. Sin embargo, cuando llega la tormenta a nuestra vida, la tristeza pareciera borrar toda sonrisa que en un momento pudo haber existido.

El desierto aparece cuan infinito para impedirnos avanzar. Este llega a nuestras vidas de manera inesperada, sin avisar. 

Una enfermedad, la escasez económica, la pérdida de un ser querido, ser envueltos en una estafa, o una falsa acusación, son solo algunos de los muchos escenarios que la vida nos va a presentar en cualquier momento para hacernos crecer en fe. 

Pero, es inevitable detener la batalla que se desarrolla muy cerca de nosotros, y aunque oremos nuestra mente es continuamente bombardeada por  un mar de preguntas que continuamente golpean nuestros pensamientos para intentar buscar una explicación humana a nuestra situación.

Sin duda alguna, toda persona ha pasado por momentos de dolor. Quien diga que no es un mentiroso y evita reconocer sus debilidades. Aunque sean diferentes circunstancias el mismo sentimiento aparece en nuestros corazones. 

En esos momentos buscamos soluciones y nada se da, nos metemos por aquí o por allá para no llenar nuestros pies de arena y hasta las orejas se nos llenan del polvo del desierto. 

Hablamos con muchas personas tratando de buscar una explicación lógica o una salida y nada parece cambiar, por el  contrario se oscurecen más.

José el adolescentes de unos 17 años, soñador como todos los chicos de su edad, para aquel momento tenía 10 hermanos, ser el menor y el consentido de su papá le causó algunas diferencias con ellos. 

Todas las mañanas a la hora de comer, José comenzaba a contarles a todos lo que soñaba, su papá tenía cierta  preferencia por él; claro era el hijo de su vejez y de la mujer que amó por mucho tiempo. 

Una túnica de colores fue la gota que derramó el vaso con agua. 

Cierto día sus hermanos deciden matarlo, pero el mayor de ellos aboga por él y les da la idea de venderlo como esclavo y así fue. 

José el soñador se encontraba en ese momento traicionado por los suyos, quizás al ser entregado a sus nuevos dueños (los egipcios), lloraba suplicándoles a sus familiares que no lo hicieran.

 Imaginemos tal escena: un adolescente solo, en un país extraño, grilletes atan sus manos, recibiendo insultos y golpes. 

Fue llevado a su nuevo hogar: la cárcel. Ahora se encontraba en un escenario totalmente diferente al que estaba acostumbrado, de un día para otro la tristeza  y la soledad llegaron a su vida para acabar con él.

Pero Dios protege a sus hijos en los momentos más adversos que puedan vivir. Esta historia real, sucedió hace mucho tiempo y la podemos leer mejor en la Biblia en el libro de Génesis desde el capítulo 37 al 45. 

Pasados los años, José en medio de ese escenario de esclavitud nunca se quejó, siempre de manera íntegra se condujo, confiando plenamente en Dios. Miraba cada circunstancia con ojos de agradecimiento, aprovechando cada oportunidad que el Señor le presentaba. De esta manera,  llegó a estar al lado de personas de autoridad en el país, incluso el mismo faraón. 

La Gracia de Padre guiaba a este joven, lleno de la sabiduría e inteligencia de Dios pudo lidiar con una gran hambruna que atacó el país, pudiendo brindarle pan a muchas naciones que venían a comprar alimento, durante este tiempo de graves problemas. 

José, había olvidado sus días de dolor y aunque en ese momento temporalmente no se encontraba con su familia. 

Eligió aceptar la voluntad de Dios, quién le abrió puertas y trajo bendición a su vida. Más adelante, pasados los años se encuentra de nuevo con sus hermanos, ya había perdonado su acción de venderlo como esclavo. 

En ese momento, estaban frente a ellos lloraba de alegría porque se reencontraba, y mandó a buscar a su papá, y se cumplió lo prometido, todo Dios lo tornó para bien.

Vemos que aún así, en el desierto la mano de Dios estaba con José. 

La Gracia del Soberano es tan inmensa que controla cada paso de nuestra vida. Todo proviene de Él: la vida y la muerte, la enfermedad y la sanidad. Cuando partimos de esta idea, la imagen correcta de Dios se manifiesta claramente y lo adoramos como el Soberano que gobierna la humanidad. 

Cada vida forma parte de su plan maestro, de igual manera, cada desierto que nos toca atravesar. Aquel que gobierna toda la creación, lo invisible y lo visible, orquesta todo cual Director dirigiendo una hermosa melodía.

Nada sucede por casualidad. Todo viene a nuestras vidas, por una razón: hacernos crecer. 

Para que de esta manera el carácter de nuestro Señor Jesús sea formado en nuestras vidas y alcancemos la madurez en cada área, para prepararnos y poder avanzar en los diferentes escenarios que nos toque vivir. 

Miremos cómo aceptó José la Voluntad de Dios:

“Por lo tanto, no fueron ustedes los que me enviaron aquí, fue Dios. Me convirtió como en un padre para el faraón, señor de toda su casa y gobernador de toda su casa y gobernador de toda la tierra de Egipto” (Génesis 45: 8 PDT)

Alabemos a Dios por quien es. Adorémoslo en todo momento, tanto en la alegría como en la tristeza, en la abundancia y en la escasez, en la sanidad y en la enfermedad. Él tiene planes de bien para nosotros. 

Cambiemos nuestra mirada, si nos miramos a nosotros mismos podemos ser envueltos por la lástima, si miramos a los demás nos vemos tentados a caer en la envidia o en deseos de venganza. 

Miremos hacia arriba, donde se encuentra el Trono Majestuoso de nuestro Padre Celestial. Quien está presto a socorrernos en todo momento por su fiel amor.

Solo los lentes correctos me permiten ver más allá de lo que temporalmente pueda estar viviendo.  

Debemos colocarnos las gafas correctas: las de la Fe, esas solo la encontramos en su Palabra, aquella que llena nuestros corazones de esperanza. 

Dejemos de  mirarnos a nosotros y comencemos a mirarlo a Él,  quien  nos ayuda en toda circunstancia. Y aunque no responda nuestras oraciones como queramos, Él las va a responder de acuerdo a su Voluntad. Recordemos que Él escucha el clamor de un corazón que se acerca a Él. 

Solo la imagen correcta de Dios, nos permitirá aceptar su Voluntad, avanzar en medio de la adversidad y aprovechar cada escenario (aún los dolorosos), nos hará crecer y nos preparará  para lo que más adelante pueda venir. 

La Palabra nos muestra quien es Él verdaderamente. 

Vamos!!! Corre día a día a conocerle más de cerca, habla con Dios en oración y espera su respuesta en las Escrituras. De esta manera, comprenderemos que la Voluntad de nuestro Rey es buena, perfecta y agradable. Tú decides cuáles lentes usar, si el de los esclavos o el de los hijos de Dios.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

 

 

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