Efesios 2: 8, 9 “Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no proviene de ustedes, sino que es don de Dios; ni es resultado de sus obras, para que nadie se vanaglorie.”

Es una realidad que las personas piensen que con sus acciones tiene la llave al cielo, que una limosna, ayudar en algún problema a su hermano o simplemente escuchar una predicación  los hace aceptos ante Dios. Sin embargo, la verdad sobrepasa nuestras capacidades y muestra al verdadero protagonista de nuestra historia.

Pues el apóstol Pablo al escribir estas palabras no tenía ninguna duda sobre la verdad que nuestro Señor le había revelado, y que hoy más que nunca nos ayuda a entender que la misericordia y amor de Dios por nosotros no comprende de lógica

Esto pues mostrándonos que Dios es quien actúa dándonos el don de la fe para ser salvos.

Ahora, ¿qué importancia tiene el amor y la misericordia de Dios en este acto? Y aunque podamos escucharlo ligeramente, este es uno de los puntos más importante de este texto y de nuestras vidas, para comprenderlo debemos analizar nuestra condición antes de conocer a Dios.

Indignos ante Dios

Si retrocedemos en los textos, podemos entender mejor que nuestra condición ante nuestro Señor era de “muerte” pero no física, sino en nuestros delitos y pecados, así como lo relata en Efesios 2: 1- 3

Antes de creer firmemente en Jesús el hijo de Dios, no actuábamos, pensábamos ni razonábamos conforme a la dirección de nuestro padre, sino al contrario.

Nuestra naturaleza carnal nos dominaba, por lo que nos deleitamos en nuestros pecados, sin darle importancia o siquiera buscar a Dios. 

Aunque creíamos que estábamos en lo correcto, que nuestras acciones eran buenas, Dios por medio de su palabra nos aclara que realmente no es así.

Romanos 3:10-12 “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” Pablo exhortando recalca nuestra condición de manera drástica haciendo a colación al Salmo 14:1-3. 

De ninguna manera lógica éramos dignos ante Dios, si entendemos que él es Santo, ese es el carácter que deberíamos tener, sin embargo nuestros deseos eran otros. Ahora bien, como pienso ser salvo si ni siquiera buscaba a Dios y mi vida entera estaba entregada a lo malo, a complacer al príncipe del aire. Sería como esperar un regalo al haber hecho algo malo.

Amor y Misericordia de Dios ante nosotros

Humanamente, podemos pensar que si bien estábamos contrarios a Dios, no formaríamos parte de su familia, no recibiríamos bendiciones y lo más importante, no tendríamos salvación. 

Pero nuestro Padre y Rey de los cielos, cuenta con dos atributos, que si bien nosotros podemos llegar a tenerlos, nunca llegaríamos a manifestarlo de tal manera.

Es allí donde surge la pregunta ¿Cuánto nos ama Dios? Efesios 2:4,5 “Pero Dios, cuya misericordia es abundante, por el gran amor con que nos amó, nos dio vida junto con Cristo, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados (la gracia de Dios los ha salvado)” a pesar del peso de nuestros pecados, él nos dio su más grande bendición y nos rescató.

Simplemente porque nos amó le plació darnos el poder de creer, en el sacrificio de su hijo, en su resurrección y exaltación, lo que provoca arrepentimiento haciéndonos dignos de la salvación.

 Ten presente que muchas personas han partido de este mundo negándose a Dios, otras están viviendo una vida errada ante él, sin embargo dichosos son los que el Padre bendijo con el don de la fe.

El verdadero protagonista de nuestra Salvación

Si bien nuestra vida tiene un antes y un después de conocer a Cristo, la verdad de los cambios ocurridos en nuestra vida nunca han partido de nosotros. 

Lo cierto es que el verdadero protagonista de nuestra historia y de nuestra vida es Dios. 

Dios siempre estuvo presente en nuestra vida, actuó en él momento indicado con su hijo para rescatarnos, pero a pesar de eso, como naturalmente pasa, solemos atribuirnos cosas que nunca hicimos (vanagloria). Por ello es muy común escuchar “busqué de Dios” cuando en realidad éramos incapaces, por ello todo parte del Padre.

Nuestro señor no se limita a solo salvarnos, sino que nos revive, dándonos posición así como lo hizo con Jesús, tal como lo dice en Efesios 2: 5-6. Teniendo en cuenta esto, cómo podemos vivir sin reconocerlo como nuestro Señor y alabarlo por ello, pues nuestra fuerza, aliento, capacidades humanas, los dones y la salvación es gracias a él.

Creados en Cristo para realizar buenas obras

Ahora, si todo es por gracias, ¿qué punto juegan las buenas obras? Claro está después de recibir la salvación, ya que el hecho de creer y arrepentirse no está aislado completamente de las obras, por ello veamos qué nos dice Efesios 2:10.

“Nosotros somos hechura suya; hemos sido creados en cristo Jesús para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas”

Somos creados a la imagen de Jesús como cuerpos nuevos, ahora nuestro andar no es el mismo, mi pensar y accionar están alineados con Dios, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Dios nos salva y a su vez nos da propósito, con una dirección clara y un guía que estando en un cuerpo humano, mostró una vida entregada a amar a Dios por sobre todas las cosas y amar a su prójimo como a sí mismo.

La realidad es que ninguna obra nos otorga salvación, pero esto es una joya que nos hace reconocer  y apreciar la grandeza de Dios

Él siendo Rey no escatimo en salvarnos por puro amor y nos hizo aceptos ante él, para mostrarnos cómo debemos vivir, reflejando en cada paso a Jesús. 

Por ello aunque no estemos aún en la eternidad con el Señor, nuestro transitar diario debe estar sujeto a la santidad que procede de Dios, realizando lo que él por medio de su palabra nos indicó que hiciéramos manteniendo una vida consagrada para él. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

 

 

 

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