Mateo 7: “15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. ”

Este pasaje se encuentra enmarcado dentro de la hermosa porción del conocido Sermón Del Monte. El Señor Jesús desde el capítulo 5 comienza a plasmar una serie de enseñanzas que abarcan todo lo que el Padre quiere del carácter de sus hijos y cómo espera que estos se comporten.

Dentro de estos capítulos nos topamos con muchas verdades innegables y también vemos como el Señor Jesús eleva el estándar de pureza que deben tener sus discípulos. El texto que abordamos en específico nos brinda una advertencia, pero además nos enseña a no ser engañados por las apariencias.

Una advertencia y un consejo 

El Señor Jesús les pide que se guarden de aquellos hombres que se acercarían a ellos cargados de mentiras buscando hacer daño y los llama falsos profetas. Esto ocurrió en la antigüedad y sigue ocurriendo en nuestros días y deja claro que su apariencia suele ser una careta que disimula su interior.

Compara su falsa apariencia con las mansas ovejas de las que está llena la casa del Señor, pero señala que por dentro su corazón es el de un lobo y estos solo buscan devorar a las ovejas. Nos plantea una gran verdad y es que la apariencia no muestra lo que verdaderamente hay en el corazón.

No debemos fiarnos del que mejor se viste, el que mejor se expresa o el que posee mejor posición económica, ya que esto puede ser una piel falsa de oveja. El Señor nos manda a examinar desde otro lente y este es el lente de los frutos porque las acciones hablan mejor que las palabras.

Cuando alguien verdaderamente es de Dios, su carácter lo pondrá en evidencia, el amor con el que trate a todos, la sinceridad en sus obras, la bondad genuina y su compromiso con el Señor dejará claro lo que hay en su corazón, porque esto brotará de manera natural.

Los frutos nos delatan 

El Señor Jesús siempre ilustraba sus enseñanzas para que pudiéramos entender en nuestros términos sus palabras. En palabras simple nos compara con árboles, porque de estos naturalmente brota el fruto que hay en ellos y no hay manera de que un árbol dé un fruto que no sea el suyo.

De igual manera esto pasa con las personas, lo que hay en sus corazones se manifiesta a todos, y tarde que temprano son evidentes sus frutos. El apóstol Pablo es claro en Galatas 5:22-23, sobre el fruto del espíritu, donde podemos ver ampliamente lo que debería nacer de los hijos de Dios.

Características como el Amor, el Gozo, la Paz, la Bondad, la Fe y unas cuantas más, evidencian que alguien verdaderamente es de Cristo, y estos son los frutos que debe reflejar. Pero cuando vemos en alguien mezquindad, envidia, contienda, ira, murmuración podemos discernir que no es buen árbol.

Seamos buenos árboles

Así como el texto nos lleva a estar alerta para con las personas a nuestro alrededor, también nos anima a examinarnos y ver cuál es la calidad de nuestros frutos. Los buenos árboles dan buenos frutos y ya vimos cuáles son los que le agradan al Señor, así que, si somos suyos, esforcémonos.

El malvado será delatado por sus acciones, pero de igual forma el que es de Cristo se conocerá por sus obras, así que procuremos que nuestras obras muestren, que le pertenecemos a Él.

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