Isaías 53:7 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Estaba leyendo la escritura y me encontré con este versículo en Isaías; y tuve una gran reflexión. Haciendo semejanza a lo que el maestro vivió camino a la cruz, dice que no abrió su boca, sino que enmudeció. 

Caminando con insultos, criticas, gente mutilando su cuerpo, pero aun así el prefirió no abrir su boca. Un ejemplo muy grande que creo que todos deberíamos seguir. 

Justo en los momentos más difíciles que vivimos, es que debemos aprender a disciplinar nuestra boca. Porque justo cuando todo se pone difícil, es donde es probada nuestra fe, y lo que hablamos muchas veces será un reflejo de lo que sentimos. 

Cuando deseamos ver como esta nuestra salud física vamos al médico, pero para saber cómo anda nuestra salud espiritual, solo hace falta tener una verdadera tormenta que nos haga probar nuestra fe. 

En el caminar con Dios, he visto como muchas personas son un verdadero bosque encendido en su boca, pues cualquier cosa les irrita y sus palabras en vez de ser sanadoras, o edificantes, terminan siendo palabras hirientes, llenas de un fuego venenoso que solo hace que perturben en todo su alrededor. 

¿Vale esto la pena?, pues seguramente no. 

Hagamos una evaluación por un momento, ¿Cuándo la presión llega a tu vida, cuales son las palabras que emites?, y cuando hablo de presión me refiero a cualquier tipo de problema que puedas tener en casa, en familia, o en el trabajo, ¿Qué es lo que decimos?

Si eres de esas personas que sin disciplinar su boca, dice todo lo que siente sin pesar en las heridas que puede llegar a causa, entonces hablamos que no has cuidado tu edén, tu mundo interior. 

Para cuidar nuestras reacciones verbales, no solo hace falta tener dominio propio sino cultivar nuestra relación con Dios. Cuando te conectas con el eterno caminas en sabiduría, te dejas guiar por su presencia, y por su puesto sabrás como decir una palabra edificante en un tiempo oportuno. 

Lo que sale de la boca viene del corazón

Mateo 15: 18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 

Disciplinar nuestra boca tiene que ver primero con cuidar y sanar nuestro corazón; no podemos pensar que vamos a hablar con palabras edificantes, cuando realmente aun mantenemos un corazón contaminado. 

Todo lo que decimos viene de cómo este nuestro huerto, nuestro edén, nuestro mundo interior. Rara vez podrás hablar con sabiduría si no tienes un corazón sano. Pocas veces podrás hablar restauración si aún guardas resentimiento y rencor. 

Todos debemos cuidar nuestro corazón, y de allí saldrán las palabras. No sé trata solo con dominar lo que sentimos, se trata de conectarnos con su presencia, para que en cada ocasión sea el mismo Señor colocando palabras sabias sobre nuestra boca.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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