En cada desierto hay una restauradora y a ella debemos acudir y buscarla. Muchas veces quedamos sin fuerza, otras veces la subestimamos, pero solo la sombra de la cruz de Cristo es lo que nos dará fuerzas para continuar. 

Cuando entiendes lo que simboliza la cruz en nuestras vidas, puede que te falten las fuerzas, pero nunca abandonarás tu camino, porque el sacrificio de nuestra salvación fue hecho carne a través de la cruz del Calvario. 

Jesús vino a morir por nuestros pecados, vino a darnos libertad, y aunque sabemos qué podemos pasar por amargas noches llenas de dolor, nuestra mirada nunca puede dispersarse de la cruz. 

Como dice su palabra en Hebreos 12: 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

La cruz no es un símbolo religioso, solo nos recuerda el sacrificio que hizo el Señor por nuestras vidas y para los que alguno puede parecer locura, para nosotros es la verdadera ganancia de nuestra salvación. 

En medio de cada aflicción debemos recordar el Sacrificio que hizo nuestro señor en la Cruz, y entender que su infinito amor estuvo en entregarse por nuestros pecados y nuestras rebeliones, entonces acercarnos a él es lo que puede ayudarnos a recobrar las fuerzas. 

Cada desierto aparece la cruz redentora de Cristo para fortalecernos, está en nosotros cobijarnos a su presencia y entender que solo guardados bajo su sombra, podemos transformar el proceso más ardiente en un campo fértil.

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