Estamos en una sociedad donde la pérdida, el dolor, o la frustración queda minimizada por los estereotipos de una vida feliz, que principalmente nos venden las redes sociales. Al parecer, decir que “no estamos bien”, que nos sentimos solos, o que no podemos avanzar con esta “depresión”, puede ser motivo de burla, o de falta de empatía. 

Sin querer, esto ha llegado hasta las iglesias. Cuando alguien pasa por un momento difícil, por una enfermedad, por la muerte de alguien que ama, de una vez pensamos que todo se debe a que “abrió puertas”, y a causa de eso, el enemigo trae consigo algunas consecuencias. 

Estamos en una sociedad donde el dolor no encaja, pues todo se vale por los hermosos viajes que hacemos, lo que compartimos, los grandes logros, las hazañas alcanzadas, pero pocos aprendemos el valor de aceptar que “no estamos bien” y necesitamos ayuda. 

Sé que no podemos pasar la vida en el cautiverio de la depresión, pero a veces es necesario drenar. Para que un alma sane es indispensable llorar, es necesario reflejar lo que sentimos, por qué ¿Qué podemos ganar escondiendo lo que sentimos?

En muchos versículos de la biblia, podemos encontrar como hombres de Dios lloraron amargamente, por alguna circunstancia que los afligió. 

David lloró por la muerte de su hijo Absalón y por la rebelión que este le causaba. 

2 de Samuel 18:33 dice: 33 Al oír esto, el rey se puso muy mal y subió a su habitación sobre la entrada de la ciudad gritando: «¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Mi hijo Absalón, quisiera haber muerto yo y no tú! ¡Ay, mi hijo Absalón!»

Ana lloraba amargamente porque no podía tener hijos y Penina se burlaba de su condición:

1 de Samuel 1:  7 Año tras año sucedía lo mismo: Penina se burlaba de Ana mientras iban al tabernáculo. En cada ocasión, Ana terminaba llorando y ni siquiera quería comer.

8 «¿Por qué lloras, Ana?—le preguntaba Elcana—. ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás desanimada? ¿Solo por no tener hijos? Me tienes a mí, ¿acaso no es mejor que tener diez hijos?».

Abraham lloró por la muerte de su esposa Sara. 

Génesis 23: 2 Sara murió en Quiriat-arba (actualmente se llama Hebrón), en la tierra de Canaán. Allí Abraham hizo duelo y lloró por ella.

Llorar en un momento de dificultad no te hace débil, incluso, está comprobado científicamente que las lágrimas nos ayudan a liberar oxitocina y endorfinas, hormonas que nos generan una sensación de calma interior. 

Entonces, es probable que después de drenar tus lágrimas, puede que te sientes más aliviado y calmado. 

Hace un año perdí a mi padre, desde ese día que estuve con él en el hospital, mis lágrimas estaban allí, salían, pero la presión del momento, la gente alrededor, y evitar un dolor más fuerte a mamá, me llevó a reprimir bastante lo que tenía. 

No tuve la oportunidad de drenar esos días, las diligencias del velorio, el entierro, la multitud de personas alrededor, mi sensación era, “aquí no puedo gritar y llorar como lo deseo”. Tres días después llegué a mi casa, recuerdo que abrí la puerta de mi apartamento, corrí al cuarto y caí en cama. Los gritos salían de mi alma, las lágrimas salían desesperadas, aproximadamente pasé dos horas allí, drenando lo que en tres días no pude hacer. 

Al levantarme de ese lugar no fue que el dolor se fue, o que me sentía mejor, pero sentía que mi alma se alivió. Tenía un dolor muy atado en mi corazón, que de una u otra forma merecía salir. 

Sé que nuestro anhelo siempre será no pasar por dificultad, sé que como humanos queremos vivir bien sin que el dolor nos afecte, pero no podemos dudar que el dolor vendrá y que muchas veces es necesario en nuestro caminar. 

Por eso Eclesiastés 7: 3 Es mejor el llanto que la risa,
    porque la tristeza tiende a pulirnos.

Con todo esto no estoy diciendo que te encierres en el dolor, pero sí que no lo escondas, que no lo reprimas. 

Esconder lo que sentimos no solo puede afectar nuestra alma sino también el cuerpo físico. Lo que no expresamos puede luego somatizarse en males que se verán reflejados en nuestro organismo. 

El problema ha estado que desde pequeños nos han enseñado que llorar está mal, incluso desde pequeños nuestros padres reprimían nuestro llanto, pues no había motivos, y entonces empezamos a retener estos procesos que son naturales y que de una u otra forma debemos aprender a soltarlos. 

Si hoy estas pasando por un valle de oscuridad y sabes que te duele, pero quieres hacerte fuerte, creo que decir, o mostrar lo que sientes no te hará débil, al contrario, te ayudará a vivir de forma diferente.

No te quedes enterrado en el desierto, pero no escondas el proceso, habrá alguien que estará dispuesto a ayudarte a sanar las lágrimas.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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