Todos en algún momento pasamos una situación de dolor en nuestras vidas que debilita nuestra fe. Son esos sucesos oscuros donde cambiamos la alegría por el llanto, el amor por la desesperación, la paz por la angustia. 

Es normal que en esos momentos de oscuridad podamos sentirnos agobiados, tristes y desamparados. Pero en cierto modo, nosotros determinamos hasta cuando ese dolor nos va a acompañar. 

Hay una historia en la biblia que me llama mucho la atención, y es la historia de Ana, quien no podía tener hijos, y era atormentada por Penina, quien si le podía dar hijos a su esposo Elcana. (1 de Samuel 1)

Podemos decir en este texto que no es una condición que Ana busco, sino que más bien fue una circunstancia que llegó a su vida, que además de probar su fe, también vino a trabajar su alma, pues estaba constantemente irritada por lo que Penina hacía o le decía. 

A la relación que quiero ir el día de hoy, es a llevarte que Ana vivía en una condición de dolor, de frustración, de pérdida. 

Seguramente has pasado por alguna en la vida, seguramente te ha tocado perder un negocio, un ser querido, o afrontar un proceso de enfermedad. Siempre habrá un entorno que te haga pensar hasta lo peor de ti mismo, pero ten por seguro que un día aparecerá el sol, y todo volverá a alumbrar. 

Esto no es un mensaje humanista, no es un mensaje de lógica, sino más bien es un escrito de fe, de alguien que ha pasado por temporadas oscuras, pero un día decidió levantarse y no darle más tregua al dolor. 

Cuando por ejemplo perdemos a alguien que amamos, la sensación es muy dolorosa, los sentimientos nos hacen tambalear nuestras emociones, pero hay un día que descubres que hay algo hermoso que espera por ti, y no puedes quedarte arraigado al dolor. 

1 de Samuel 1: 6 6 Penina siempre molestaba a Ana y la hacía sentir mal porque el SEÑOR no le permitía tener hijos. 7 Cada año sucedía lo mismo cuando la familia iba al santuario del SEÑOR en Siló.

La biblia dice que Ana pasó mucho tiempo en esa situación, difícil de comprender, Penina le molestaba y le recordaba que no podía tener hijos, es decir, Penina subyugaba la herida de Ana. 

Todos tenemos heridas en esta vida, todos hemos pasado una temporada por el hospital, o nos ha tocado vivir con el día a día, o hemos emprendido rumbo a  lo desconocido, por un mejor futuro. 

No sé cuál será tu temporada, no sé lo que estás viviendo, lo único que puedo decirte es que hay un día en que debes decir, ¡Hasta hoy!, no permitiré que el dolor siga robando los momentos felices de mi vida. 

Pero ese hasta hoy no será con tus fuerzas, debes buscar a Dios. Si vemos más adelante, dice que Ana estaba muy triste, lloraba mucho, incluso su esposo llegó a refutarle, 

8 Elcaná, su esposo, le dijo: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no quieres comer? ¿Por qué estás triste? Me tienes a mí, yo soy tu esposo. Deberías pensar que yo soy mejor que diez hijos».

Pero la biblia continúa diciendo que Ana se levantó y fue a orar, es decir, Ana buscó el rostro de Dios primero que nada.

Hay algo que debes saber, no existe ayuda humana o psicológica, que pueda darte la libertad que solo Dios puede darte a través de la oración. 

Hace mucho tiempo una situación me llevó a pasar largas noches sin poder dormir, porque estaba siendo presa de la ansiedad, quise tomar pastillas, quise auto medicarme, busque ayuda humana, incluso, leía largas horas estudios por internet, pero la ayuda no llegó allí, la ayuda llegó del cielo, llegó de Dios. 

Por eso la biblia dice en el Salmo 121: Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? 2 Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.

Si tú has creído en Dios, si tú has seguido el camino de la fe, debes saber que no hay nada como ser fortalecido con la presencia de Dios. La oración es la que puede liberarte de cualquier mal, incluso, es lo que puede hacer desaparecer el dolor en medio de una noche tan oscura. 

La actitud de Ana me apasionó en esta historia, y esta debe ser la actitud tuya y nuestra, puede que la gente te llame loca, puede que piensen que una situación tendría que acabarte, pero no es así, Ana no se dejó vencer y fue al altar de vida, fue a Dios. 

12 Ana oró al SEÑOR durante largo rato. Elí observaba los labios de Ana mientras ella oraba. 13 Ella oraba de corazón. Aunque sus labios se movían, no pronunciaban las palabras en voz alta. Así que Elí pensó que Ana estaba borracha, 14 y le dijo:

—¡Has tomado demasiado! Es hora de guardar el vino.

15 Ana contestó:

—Señor, no he tomado vino ni cerveza. Estoy muy afligida y le estaba contando mis problemas al SEÑOR. 16 No piense que soy una mala mujer. He estado orando todo este tiempo porque estoy muy triste por tantos problemas.

17 Elí contestó:

—Ve en paz. Que el Dios de Israel te dé lo que pediste.

La historia continua, y Dios respondió la oración de Ana, pues dio a luz a un hijo de su marido Elcana, al cual llamaron Samuel. 

Para Ana, la luz volvió a salir, el sol volvió a brillar, las lágrimas se convirtieron en risas, y Dios la restauró de todo corazón. 

Salmo 30:5 “Porque su ira es solo por un momento, pero su favor es por toda una vida; el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría”.

El dolor no dura para siempre, hay un día que dirás ¡Hasta hoy!, te secas las lágrimas, abres tus labios a Dios, y comienza el proceso de restauración.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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