Lucas 5: 20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

La parábola del hijo pródigo es una de mis preferidas en la biblia, y es que muestra cómo DIOS puede moverse a nosotros en gracia y misericordia a pesar de nuestros errores o pecados. 

Si tienes hijos pequeños, seguramente has experimentado que cuando tu o tu cónyuge llega a casa, los pequeñines corren de emoción a abrazarte. Es un momento único, sobre todo cuando pasas días fuera de casa. 

Por más cansado que esté un padre, este momento es uno de los momentos más especiales de su vida, yo aún recuerdo los momentos que corría a los brazos de mi padre terrenal, porque su sola presencia en casa, cambiaba nuestras vidas por completo. 

La llegada de papá siempre traía consigo risas, emociones, y tiempos de diversión, por eso corríamos todos a encontrarnos con él. 

Así pienso que debe ser nuestra relación con nuestro padre Dios. Realmente, hay momentos donde debemos correr ante el, pues solo corriendo ante su presencia y agarrándonos de sus brazos es que podremos aliviar nuestras cargas. 

Cuando corremos ante la presencia de Dios, podemos ver cómo Dios puede hacernos resucitar nuestra fe, puede darnos un nuevo corazón, y puede enseñarnos los planes que tiene para nosotros. 

Correr ante su presencia es experimentar una paz que sobrepasa todo entendimiento, y nos hace caminar en visión. 

La parábola del hijo pródigo me hace referencia a la muestra de gracia más hermosa de toda la biblia. Porque aun a pesar de los pecados de este hombre, recibió el perdón de su padre. 

Así pasa con nosotros, podemos fallarle a Dios, podemos ir en contra, podemos incluso a veces hasta pecar, pero cuando decidimos correr ante su presencia él nos libra de todo pecado, y no hay mayor bendición que esa. 

Corre ante Dios y él aliviará tus cargas 

1 Pedro 5: 7 echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.

Hoy en día es muy común caminar fatigados, exhaustos, llenos de amargura y con cargas que no nos dejan avanzar. 

Estamos en un tiempo donde el afán, la tecnología, la vanidad, o las responsabilidades van sumando a esa maleta de desaciertos, molestias y obstinación, que no nos dejan caminar en paz. 

Vivimos pensando en tantas cosas a la vez, que a veces nos olvidamos de vivir un momento a la vez. Nos preocupamos tanto por el mañana que olvidamos lo hermoso que puede ser el hoy. 

Indiscutiblemente, todos necesitamos de un encuentro con Dios. De esos encuentros con el Eterno que nos resetean y nos dan otra visión de vida. 

De esos encuentros con el Padre que nos hacen reposar en su presencia y vivir en su libertad. Todos necesitamos de Dios. 

El hijo pródigo corrió a los brazos de su padre, pues él sabía que solo así podría experimentar el verdadero amor, y podía comenzar de nuevo. 

Corre a los brazos de tu Padre Dios, él estará siempre dispuesto a recibirte y hacer de ti su hijo amado. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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