2 de Samuel 4: 4 También había un hijo del príncipe Jonatán. Era un nieto del rey Saúl, llamado Mefiboset, el cual era lisiado de los pies. Tenía cinco años cuando murieron su papá y su abuelo. Al recibirse la noticia de la muerte de ellos, la niñera salió corriendo llevándolo en brazos, pero el niño se le cayó y quedó lisiado.

Hoy vamos a reflexionar sobre la historia de Mefiboset. Un hombre lisiado, olvidado que luego fue llamado a la mesa del Rey. Dice la biblia que Mefiboset, hijo de Jonathan, nieto de Saúl, venía de una genealogía de reyes, pero había quedado lisiado y olvidado. 

Lo primero que vemos en Mefiboset, es que este a tan solo la edad de 5 años quedó lisiado, su vida quedó coaccionada a una forma muy distinta que él nunca imaginó, o pensó que podía tener. 

Dice la biblia que por causa de su caída, cuando era cuidado por su nodriza, Mefiboset quedó lisiado de sus piernas. Un pequeño de tan solo 5 años, el cual no pudo tener nunca más una vida normal. 

Aquí vemos una reflexión importante que quiero rescatar, y lo primero es que muchas hay circunstancias, o cárceles que vivimos de adultos que comenzaron en nuestra niñez por descuido de aquellas “nodrizas” que eran responsables de nuestro cuidado. Y cuando hablo de nodriza puedo hacer referencia a padres, madres, abuelos, tíos, o cualquier persona que perjudicó de forma consciente o inconsciente nuestra niñez. 

Hoy en día hay personas batallando con su sexualidad de adultos porque en su niñez alguien abusó sexualmente de ellos, personas que batallan con miedos y temores, porque en su infancia alguien los perturbó constantemente hacia su identidad. Y es que muchos cerrojos mentales en nuestras vidas comienzan desde la infancia. 

Actualmente, sucede lo mismo hemos dejado a nuestra generación de pequeños al descuido de la tecnología y el internet, creando niños adictos, aislados, solos y con poca capacidad de relacionarse.

Entonces, lo primero que quisiera rescatar es que este niño descendiente de un linaje real, se condicionó a vivir en un estado de soledad, a causa del descuido de su nodriza. Él merecía crecer como otros, él merecía estar en el palacio, correr, montar a caballo,  pero el descuido de alguien más lo condicionó a una vida de pena. 

Mefiboset estaba en el olvido 

2 de Samuel 9: Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? 2 Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. 3 El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. 4 Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. 

Lo segundo que expresa la biblia aquí es que cuando David busca la descendencia de su amigo Jonathan, Siba sabía que existía uno llamado Mefiboset, pero este estaba en Lodebar. 

Cuando uno lee lo que bíblicamente significa Lodebar, podemos encontrar que es un lugar, o una tierra sin nada, en el olvido. Sin expectativa, sin fe, sin pastos, un lugar donde nada prospera, allí estaba Mefiboset. 

Así estaba el hijo del príncipe Jonathan y así hay mucha gente hoy en día; olvidada en sus propios conflictos, en sus cárceles, en esos cerrojos que muchas veces son imposibles vencer. 

A pesar de que este hombre era parte del linaje real, estaba en un estado de olvido. Tal vez la condición que recibió de pequeño, lo hizo esconderse de lo que realmente era. 

Así vive mucha gente hoy en día, sus frustraciones pasadas, sus aflicciones, sus traumas de la infancia, lo condicionan a vivir en un estado sin rumbo, sin sueños, sin dirección, porque han quedado lisiados emocional, o físicamente. 

La percepción que tenía Mefiboset de sí mismo 

La historia continua en todo el pasaje de segunda de Samuel 9, y dice que cuando Siba los trae a los pies del rey David, y este extiende misericordia sobre Mefiboset, la respuesta de este hombre fue: “¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo? (2 de Samuel 9:8)

Mefiboset no podía verse como un príncipe, su condición lo había llevado a verse con vergüenza, con traumas, con problemas, pero nunca se podría imaginar que iba a llegar hacer una persona llamada por el Rey. 

Son muchas las personas que hoy en día padecen de este mismo síndrome de Mefiboset, que no se siente capaz, que no creen poder avanzar, que se encajonaron en una circunstancia, que sus problemas o situaciones, les hicieron perder el brillo en si mismos, por lo que ven su vida desde una óptica muy negativa. 

La gracia de Dios siempre llega a nuestras vidas

2 de Samuel 9: 9 Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor. 10 Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa.

La historia de Mefiboset es una de las historias más llenas de gracia en toda la biblia. Aquí vemos como este hombre de pues del mismo considerarse como “un perro muerto”, llega a ser parte de la mesa del Rey. 

El rey no solo lo hizo llegar a la mesa, estar en el palacio, sino que además extendió misericordia y multiplicó sus bienes. De lisiado, desterrado, olvidado, Mefiboset pasó a hacer un príncipe. 

Reflexionemos por un momento, no importa cual hay sido tu condición, no importa lo que hayas tenido que vivir, no importa el pasado, o como te hayas visto, cuando DIOS llega a tu vida el restituye todas las cosas. 

Tal y como paso con Mefiboset, el señor te saca de esa tierra de olvido para darte de brillo, sueños, planes, proyectos; es decir, Cristo te hace una nueva persona, te redime, y te da el poder de alcanzar victorias. 

Si Dios te ha llamado, Dios te capacitará, te proveerá, ensanchará tu casa y tu familia, y saldrás de esa condición de lisiado para convertirte en la pieza que Dios quiere que seas

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