Mateo 5: 13 »Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea.

14 »Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. 15 Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo.

En oportunidades he escuchado decir que todo aquel que sigue a Dios es sal y luz en esta tierra, y es que además de ser una palabra bíblica, es una forma de ser que todos debemos tener y llevar en nuestra manera de vivir. 

Hoy en día muchas personas han perdido la sal y la luz de su fe, se han dejado llevar por las corrientes de este sistema y sus creencias quedan a la deriva por anteponer el postmodernismo y las corrientes que hoy nos arropan. 

Actualmente, parece más sencillo hablar de cientos de cosas vanas, o superfluas, que hablar de Jesús y de lo que el Señor ha hecho con nosotros; y es allí donde debemos recordar que somos Sal y Luz en esta tierra. 

Hay un tiempo en el que debemos defender nuestra fe, iluminar en medio de tanta oscuridad y llevar la sal que nos caracteriza a esta sociedad tan insípida y encapsulada en pecado. 

No es para nadie un secreto que hoy en día la perversión, las corrientes, las nuevas ideologías y los planes perversos de satanás han querido imponerse, atentando de forma abismal contra nuestras generaciones, es allí donde debemos preguntarnos: ¿Estoy siendo sal y luz ante estas situaciones?

No podemos olvidarnos que Jesús se tuvo que enfrentar a un sistema perverso de fariseos que negaban su fe, pero aún así el jamás titubeó en sus creencias, al contrario siempre se hacía más fuerte. 

Hoy en día la pregunta a hacernos es: ¿Dónde están nuestras convicciones?, realmente estamos defendiendo a Jesús o simplemente estamos actuando de la manera más errante e indiferente de todos los tiempos. 

Si analizamos un poco, la sociedad ha ido incrementando su nivel anti Dios, y la perversión la vemos a flor de piel por los medios y las redes sociales, ante todo esto muchos de nosotros hemos escondido la luz de Cristo y hemos hecho caso omiso a defender nuestras creencias. 

Es un tiempo para comprender que somos luz y que ante cualquier circunstancia jamás podemos olvidar el propósito de Dios para nuestras vidas. No podemos pretender ser luz para no brillar en la oscuridad, al contrario esta cualidad dada por Dios es indispensable para poder sobrevivir en estos tiempos y tener una vida llena de fe.

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