Proverbios 16: 32 “Es mejor ser paciente que soldado fuerte, es mejor dominar la ira que toda una ciudad”. 

No hay nada más peligroso y difícil en esta vida que lidiar con alguien que no tiene control sobre sus emociones. Hace días leí una noticia, sobre el juicio de un grupo de jóvenes que hace tres años cometieron el delito de alevosía con un joven a quien golpearon sin parar en una ciudad de Argentina, hasta causarle la muerte. 

Un hecho que por supuesto conmociona al mundo, porque muy a pesar de que estos hayan estado o no, sumergidos por el alcohol, u otra droga; lo que nunca midieron es que tal hecho los llevaría a acabar con su propia vida. 

Hoy tres de ellos condenados a cadena perpetua, no pueden hacer nada; pues su conducta iracunda los llevó a este desenlace que están viviendo. 

Es doloroso ver como la ira nos puede robar la vida de completo. Cegados por esa rabia incontrolada, podemos llegar a padecer de los más terribles desenlaces en nuestras vidas. 

La biblia dice en proverbios 25, versículo 28, que “el que no puede controlarse es como ciudad sin murallas e indefensa”. 

Incluso, el mismo Jesús en Mateo 5:22 condena la ira, catalogando que el que maldiga a otro debe responder con fuego en el infierno. Pero en ocasiones pasamos esto por alto, y con la excusa de que tenemos un “carácter fuerte”, pero en realidad es un carácter no controlado, entonces actuamos de forma iracunda ante otros. 

Cada vez que actuamos de forma grosera, con ira, con rabia e incluso buscamos golpear a los que están a nuestro alrededor, es la muestra en que realmente no hemos cambiado o mudado nuestro corazón. 

La ira sólo revela un corazón que no es tratado por Dios, porque DIOS habita no está la maldad, no puede existir la ira descontrolada. 

Cuando una persona actúa con alevosía frente a otra, solo está demostrando que en ella no existe ni la más mínima muestra de cambio o arrepentimiento, y es por ello que sin ningún temor a Dios, lastima sin parar. 

Enseñemos incluso a nuestros hijos desde pequeños a controlar su carácter, a dominar sus emociones, a no dejar por nada del mundo que las ira les controle su forma de vivir. 

Si quieres un hijo sano y un adolescente sano, tocará empezar por enseñarles que la rabia y la personalidad iracunda nunca traerá beneficios para sus vidas. Es decir, que jamás deberán volver mal por mal, y que las cosas no siempre se resuelven a los golpes. 

Cuando la rabia forma parte de tu conducta o la forma en cómo te comunicas, estamos hablando de una persona que no tiene la capacidad de controlar sus emociones. Por eso es que la biblia dice que debemos ser “tardos para airarnos”, en Santiago 1:19-20.

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