Lucas 10: 38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42 Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Una persona afanada es aquella que vive de la ansiedad, pero aquella que la biblia habla de turbada es la ausencia o alteración de la paz. Tal y como está en el pasaje de Lucas 10, donde Marta y María muestran dos contextos distintos. 

Dice que Marta invitó al maestro a entrar a su casa y le recibió, pero se preocupó más en los quehaceres, en atenderlo que en escuchar o prestar atención a lo importante. 

Lo que comúnmente pasa en nuestras vidas a diario, donde el afán y las cosas cotidianas de nuestro día a día nos hacen perder de vista lo realmente importante. 

Siempre debes medir tu día en cuanto ha dedicado a Dios, es decir, cuál es el tiempo que le dedicas a la oración, a la comunión con el Señor, al tiempo que le dedicas al Padre. 

Pasamos el día afanados por cosas que realmente no tienen trascendencia, tal y como pasaba con Marta, por eso el Señor le muestra qué es lo verdaderamente importante, y cuál era la tarea que estaba haciendo María. 

Muchas veces incluso perdemos el tiempo afanados en buenas causas, ocupamos nuestras agendas en mucho hacer, pero en medio de la intimidad con Dios olvidamos fortalecer nuestro ser. 

Es por eso que hoy en día son tantas las personas, incluso los cristianos, que padecen de enfermedades de salud mental como la ansiedad. Y es que ocupan tanto tiempo en cosas pasajeras y se olvidan de fortalecer su huerto, que es su mundo interior. 

Todos necesitamos un tiempo y un espacio para fortalecer nuestro mundo interior, y esto es posible a través de la oración. Antes de comenzar el día y los quehaceres, o las responsabilidades, lo mejor es entregar un tiempo oportuno al Señor, meditando en su palabra y orando al padre por los anhelos que hay en nuestros corazones. 

Cuando nos enfocamos en las cosas vanas, en la vanidad de la vida, estamos perdiendo la fuerza del espíritu sobre nosotros y entonces el alma se apodera de nuestro ser y perdemos el enfoque en lo que Dios quiere. 

La biblia dice en 2 de Corintios 4: 16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Nuestro hombre exterior se puede ir desgastando, pero nuestro mundo interior debe renovarse cada día. Incluso, en los procesos de tribulación nuestro espíritu se fortalece, y nos da un peso eterno peso de gloria. 

Cuando usamos la comunión con Dios día tras día lograremos que el Señor trabajé nuestro mundo interior a la perfección, quitando de nosotros todo aquello que no es provechoso, lo más profundo de nuestro ser.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

compartir por messenger
compartir por Whatsapp