Cuando hablamos de desierto podemos pensar en un sitio incómodo, donde la sed, el calor y los cambios de temperaturas pueden hacernos vivir en un mal momento. 

En nuestra vida espiritual también sucede así, el desierto es esa temporada difícil que en ocasiones solemos pasar. Pero también lo considero como el lugar más apropiado para tener una verdadera intimidad con Dios. 

El desierto sin duda es el lugar de transformación, pues quienes han pasado por uno han experimentado cómo la gracia de DIOS los transforma. Y puede cambiar su corazón. 

El desierto te forma y te enseña que tu comienzo no será igual que tu final. Veamos el ejemplo de José, él tuvo que enfrentar un gran desierto, vendido y traicionado por sus hermanos. 

Dice la Biblia en Génesis 37 que sus hermanos tenían celos de José, por los sueños en los que Dios le había hablado, por eso armaron un plan para matarlo, pero terminaron vendiéndolo como esclavo. 

José estaba en el desierto, en un proceso difícil, pero en medio de ello, Dios estaba formando su vida y su carácter. Como lo podemos ver en Génesis 39, dice la biblia en el versículo 3 que el SEÑOR estaba con José y lo hacía un hombre muy exitoso. 

José luego es llevado a la cárcel por la esposa de su amo Potifar, que pudiésemos decir que fue otro desierto más que le tocó vivir, sin ni siquiera buscarlo. Pero dice la Biblia que el Señor estaba con él, haciéndolo más inteligente hasta ganarse la confianza del carcelero. 

Y es que cuando tienes un corazón idóneo, el Señor siempre buscará protegerte y transformarte en medio del desierto. Y lo que para ti puede parecer una temporada muy oscura, para el Señor es el tiempo de tu transformación. 

Tal vez si José no hubiese pasado ese proceso, su corazón nunca hubiese sido transformado, por eso lo necesario de pasar por ello. 

 José se convirtió en el gobernador de Egipto, por lo que podemos decir que todo lo que vivió lo llevó a formarse para asumir una dimensión mayor. 

Con la historia de José pude comprender que el desierto aunque no lo queramos, es necesario. Aquí puedes ser tratado realmente en tu corazón; es el tiempo que Dios usa para quitar de nosotros todo aquello que será piedra de tropiezo para cumplir sus planes. 

En el desierto nuestro corazón se hace dependiente de Dios, conocemos la capacidad que tenemos para continuar y caminamos bajo el precepto de la humildad y de que nada somos si Dios no está con nosotros. 

Muchos hombres y mujeres de fe pasaron por desiertos. Incluso, nuestro mismo Señor en el Getsemaní pasó por su momento difícil. 

Dice la biblia en Lucas 22: 41 Entonces Jesús se alejó un poco de ellos, se arrodilló y oró: 42 Padre, líbrame de esta copa, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43 Entonces apareció un ángel del cielo que fue enviado para darle fuerzas. 44 Él estaba sufriendo mucho y oraba con fervor. El sudor era como gotas de sangre que caían al suelo. (Palabra de Dios para Todos)

Dice la biblia que este fue uno de los momentos más difíciles de nuestro Señor antes de ser crucificado, sin embargo era necesario. Si no hubiese sido crucificado no hubiese sido resucitado en GLORIA. 

Todos necesitamos un desierto para madurar, para conocer íntimamente al Señor, para saber lo que realmente DIOS quiere para nuestras vidas. 

Permite que Dios te transforme en medio del desierto y por más duro que parezca, ten siempre presente que no es eterno y que algo el Señor busca hacer brillar en ti.

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