2 de Timoteo 1: Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no nos hace cobardes, sino que él es para nosotros fuente de poder, amor y buen juicio.

Si algo busca las tinieblas en nuestras vidas es intimidarnos. Bien sea por medio de pensamientos, o a través de circunstancia, la intimidación muchas veces se convierte en un espíritu que nos aflige constantemente y que no procede de parte de Dios.

Batallar con la intimidación no siempre resulta fácil, menos cuando no cuidamos el terreno de nuestra mente y nos dejamos persuadir o manipular por las tinieblas. Tal como el ejemplo de Goliat con el ejército de Israel, que su aspecto, su forma y su “poder” tenía atemorizado a todo un ejército.

Ahora bien, es posible contrarrestar este espíritu de eso no hay duda, solo debemos empezar por enfocarnos en lo que proviene o no proviene de Dios.

La intimidación solo tiene poder cuando permites que entre el miedo en tu mente, porque todo debemos entender que en medio de cualquier circunstancia, las tinieblas aprovechan para intimidarnos. 

El temor natural hacia algunos retos en nuestra vida puede ser saludable, el pequeño temor que da cuando vamos hacia nuevas experiencia, un  nuevo trabajo, la llegada de un hijo, emprender, todo esto puede causar un pequeño temor, pero cuando vivimos en la cárcel de la intimidación es cuando podemos perder hasta los planes de eterno para nosotros. 

Por ejemplo, cuando el Señor llamó a Jeremías este lo primero que expresó fue: ¡Ah, Señor Dios! He aquí, no sé hablar, porque soy joven. (Jeremías 1:6)

También cuando el Señor llamó a Moisés este respondió algo parecido: Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. (Éxodo 4:6) 

Este es el temor natural del que te hablo, personas que tal vez sabían la importancia del llamamiento de Dios, pero su capacidad física les dio un poco de temor; sin embargo, avanzaron hacia el plan que el Creador tenía para ellos. 

Ahora bien, cuando no es temor natural del ser humano, se convierte en una pervertida intimidación que nos saca del verdadero propósito de Dios. La provocación al miedo muchas veces nos intimida a manera tal que claudicamos a eso que vamos dirigidos. 

Veamos el ejemplo que te comenté de Goliat y el ejército de Israel, 1  de Samuel 1:17 dice: 11 Saúl y el ejército oían el desafío de Goliat y tenían mucho miedo.

Lo que Goliat causó en ellos no fue temor natural, fue intimidación, porque a pesar de ser un gran ejército, no lograron vencerlo, hasta que la historia cambia con la llegada de David. 

Goliat representa intimidación y así como este fue un gigante opresor, hoy en día podemos estar lidiando con muchos otros que no nos dejan avanzar y nos tienen parados en la línea del ataque, pero sin hacer nada para cambiar la situación. 

Hoy en día más que llenarnos de valentía, debemos primero buscar la raíz de porque el espíritu de intimidación asecha contra nosotros, desde allí podremos comenzar a aplicar herramientas espirituales para vencerlo y comenzar a vivir siendo libre de este espíritu. 

Cuando vemos que David fue a enfrentar al gigante, el ejército poderoso de Israel quiso ponerle herramientas naturales, pero este sabía que su poder venía del Dios todopoderoso, y sus habilidades iban más allá de herramientas físicas, solo así podía alcanzar la victoria. 

Fortalécete en el espíritu, protege tu vida por medio de la oración, vive de forma plena enfocado en la palabra de DIOS, atesora pensamientos de bien en tu vida, y cree ferozmente en que el DIOS de tu salvación te concederá la victoria, ¡AMÉN!

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