Cuando hablamos de generosidad, muchas persona lo asocian con dinero, pero la generosidad es algo del espíritu que podeos replicar en cualquier circunstancia de nuestras vidas. 

Lo primero que debemos saber es que la generosidad no es un valor que nace de nuestro propio yo, sino que más bien es Dios quien nos ayuda a experimentar esta forma “divina” de ser. 

Es decir, cuando sientes en tu corazón ayudar a otra persona con algo tangible, o simplemente ser compasivo, esto seguramente no proviene de ti, sino que es el deseo que DIOS está añadiendo a tu corazón. 

Santiago 1: 17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Toda persona generosa sabe que su dadiva proviene de lo alto y es lo que lo lleva a dar sin esperar nada a cambio. Entonces, Dios por su naturaleza generosa nos capacita para nosotros ser generosos con otros. 

Cuando entiendes que esto proviene de Dios, eres capaz de dar y sin ningún tipo de reproche, ni de forma mezquina, porque entiendes perfectamente porqué lo haces. 

Dios ha sido un Dios generoso por excelencia, porque cuando uno lee la biblia puede darse cuenta que el padre no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó para que fuéramos libres, y allí radica todo el amor generoso del Padre. 

Juan 3:16. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Si podemos comprender lo generoso que Dios ha sido para con nosotros, entonces que más podemos hacer sino manifestar una conducta generosa. 

Cuando entendeos que hemos nacido de nuevo y que nuestra naturaleza en Cristo es ser una nueva criatura, entonces podemos caminar entendiendo que todas la cosas Dios las hace nueva, y esto incluye ser personas generosas. 

Ahora bien, eres generoso cuando pones delante de Dios tus dones y talentos para edificar a otra persona, porque sabes que lo puedes ayudar. 

Eres generoso cuando sabes que una familia pasa por una necesidad y te dispones a compartir lo que tienes para ayudarles. 

Eres generoso cuando tomas un tiempo para orar por aquellas personas que están en un cárcel sin salida, y además, envías palabra de fe para edificarles. 

Eres generoso o generosa cuando en casa manifiestas la fe y comienzas a bendecir a los que están alrededor tuyo para proveerles. Cuando manifiestas amor, honra y admiración para los de tu sangre. 

Una persona generosa siempre será recordada como una gran persona, y lo mejor de todo es que vive con un espíritu libre el cual no tiene codicia, avaricia, temor, carencia, o egoísmo, sino que se basa en lo bueno de Dios que tiene para depositarlos en otros. 

Es más, somos realmente generosos cuando damos incluso por encima de nuestra capacidad; esto nos hace vencer la naturaleza egoísta la cual todos tenemos desde nacer. 

Por último, una persona generosa siempre tendrá las puertas del cielo abiertas a su favor. Tal y como pasó con el ejemplo de la Sunamita, ella preparó su aposento para el profeta, y este al ver la disposición de su corazón, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? (2 Reyes 4:12-16)

Todo corazón generoso tendrá su recompensa, así que no permitas que la codicia de este mundo te coaccione, siempre debe estar dispuesto para dar. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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