Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas;

Salmos 18: 33

¿Alguna vez has visto a las ciervas en las alturas de los peñascos? Son animales impresionantes a los que Dios les ha dado la habilidad de saltar y correr en las montañas más inestables y aun así, no caen, ni tropiezan, sino que se mantienen impasibles y majestuosas ante cualquier terreno.

Esto es debido a que Dios les ha dotado de unas patas que terminan en puntas, las cuales les permiten acceder a los pequeños agujeros de los peñascos. Es por ello que sin importar cuán empinada esté una montaña, pueden escalar y mantenerse en pie, avanzando e incluso saltando confiadamente entre estas.

Lo que aprendemos de ello

De la misma forma, Dios nos ha dotado de una forma en la que podemos permanecer firmes y sin tambalear y caer, incluso antes las terribles circunstancias que atravesamos. Si bien suena extraño, esto lo comprendió muy bien el salmista y esta es la razón por la que nos compara con las ciervas en el pasaje antes citado.

Las ciervas tienen estas características debido a que necesitan movilizarse entre las montañas para buscar alimentos y huir de sus depredadores. De la misma forma, nosotros también debemos movilizarnos entre las situaciones difíciles para sobrevivir y para ello, es necesario ejercitarnos y hacernos resistentes a los caminos inestables que transitemos.

Jesucristo es quien nos da estabilidad

Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar.

Habacuc 3: 19

La fortaleza y habilidad para andar en medio de circunstancias difíciles es algo que proviene exclusivamente de Dios. Sin embargo, es algo que aprendes o desarrollas viviendo circunstancias difíciles y en medio de ellas, refugiándote en Dios. No se trata de ignorar las situaciones para salir adelante, sino encarándolas con el poder de Dios. 

Es necesario que en medio de cualquier situación adversa que atravieses, Dios es tu fortaleza y tu ayuda en medio de la tormenta, incluso cuando las cosas no salen como tú quieres. En este momento, es Dios quien te ayuda a sobrellevar la frustración, el miedo y la humillación y te llena de su paz y gozo para que enfrentes todo y salgas victorioso de la aflicción.

Es decir, La forma como Dios hace ligeros tus pies para ayudarte a estar firme, es ejercitándote para manejar adecuadamente los sentimientos enemigos de la paz y el gozo y guiándote para tomar decisiones correctas a través de su Santo Espíritu. El problema con ello, es que esto requiere de prácticas constantes, hasta que aprendas a depender de esa fuente de paz y gozo que solo proviene de Él.

Toma en cuenta que los ciervos bebé son muy torpes e incluso en el suelo y sitios firmes, no logran mantenerse en pie para caminar, sino que deben aprender a caminar, correr y saltar como los adultos. Este es un proceso que aprenden mientras crecen y posteriormente, cuando comienzan a andar en las montañas y peñascos. Cuando llegan a la adultez, son expertos andando en estos terrenos inestables. 

De la misma forma sucede con nosotros, pues Dios deberá llevarnos a pasar por esas circunstancias para que adquiramos madurez y aprendamos a andar en las situaciones difíciles. Sin embargo, tenemos la confianza de que Dios, la fuente de nuestra estabilidad, estará con nosotros proporcionándonos pies ligeros como los de las ciervas.

Reflexión final

No importa cuál sea la circunstancia que estés atravesando, es necesario que te acerques a Dios y la atravieses tomado de su mano. En ÉL encontrarás justo lo que necesitas para atravesar esto victorioso y la experiencia para que la próxima vez que lo atravieses, te pasees entre esta circunstancia, con la misma gracia de una cierva en las alturas.

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