Vivimos momentos difíciles en donde los problemas políticos, sociales y económicos están a la orden del día y estos producen en nosotros ansiedad, preocupación y hasta depresión. ¿Qué hacer? ¿Cómo solventar cuando la escasez toca a nuestra puerta? 

La vida está llena de momentos y algunos de ellos responden a lo que el Señor Jesucristo advirtió: “En el mundo tendréis aflicción”, pero no debemos olvidar lo que sigue a estas palabras: “pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Nuestro Dios ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo como lo explica (Mateo 28:18-20).

Sin embargo, hay otra historia en la que podemos reflexionar. En Lucas 21:1-4 se nos dice:

Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. 2 Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. 3 Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. 4 Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; más ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.

Aquí hay varios detalles que debemos tener en cuenta. El Señor Jesús está en el templo y está viendo tanto a los ricos como a los de escasos recursos dar sus ofrendas a Dios como lo dictaba la ley. Un punto a destacar es que el problema no está en la clase social sino en la actitud del corazón que es en lo que se hace énfasis en esta historia.

Jesús dice que mientras los demás dan de lo que les sobraba, esta mujer, que cabe destacar era una viuda muy pobre, dio “más que todos”, ya que dio “todo el sustento que tenía”. Volvemos a hacer énfasis en que el enfoque no es el dinero, sino la actitud.

Las viudas y los huérfanos eran las personas de más baja posición económica, porque normalmente el sustento a casa lo llevaba el hombre y en los tiempos de Jesús, a las mujeres no se les permitía trabajar. En este caso las vidas eran desamparadas, porque no tenían a nadie que les sostuviera económicamente. Esto nos indica que esas “dos blancas” (monedas de baja denominación) que ella ofrendó, eran realmente todo lo que tenía.

La pregunta pertinente es: ¿qué nos pide Dios que le podamos entregar? Podemos objetar que no tenemos tanto como otros, que no podemos en estos momentos sino luego que estemos mejor. Por eso es que no podemos olvidar el ejemplo de esta viuda pobre que entregó todo, no una sola parte.

No solo es la parte económica, sino todo nuestro ser. Nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestra familia, nuestro trabajo. La Palabra de Dios nos insta a “hacer todo para la gloria de Dios” y al fin y al cabo, eso es adoración, que significa rendirse, postrarse y entregarse a Dios.

Así que, ¡ánimo! Aunque no damos para que Dios nos devuelva, no es un negocio. Podemos estar tranquilos y confiados que siempre podemos entregarle todo y lo mejor de nosotros porque Él ha prometido proveer a nuestras necesidades. 

Podemos ayudar a los que tengan menos recursos como una muestra de nuestro servicio a Dios y de la misma manera, al ayudar a otros, estamos agradando a Dios.

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