Salmo 118:5 “En mi angustia llamé al Señor;
él me escuchó y me dio libertad.

¿A quién acudimos cuando tenemos un dolor físico?, ¿Qué hacemos cuando nos duele algún órgano de nuestro cuerpo?, o ¿Cuándo un pequeño dolor de cabeza nos agobia?, muchos buscamos ayuda en médicos, o alguna pastilla para aliviar el dolor, y esta termina ayudándonos. 

Pero, ¿qué pasa cuando el dolor es del alma?, cuando estos dolores se anidan en el alma no hay antídoto físico que lo pueda sanar. Solo el señor puede hacerlo. 

Hace mucho tiempo una situación me llevó a un ciclo de dolor constante, donde pensé una y mil veces y que iba a hacer posible levantarse anímicamente, incluso, llegué a decir que ese dolor iba a permanecer para siempre, negando así el poder transformador de Dios. 

Y es que hay dolores penetrantes, fulminantes, que solo buscan hacernos negar a Dios, y negar el poder que él tiene para nuestras vidas. A veces, hasta subestimamos los dolores del alma, y los guardamos de por vida. 

Lo que es peor aún, a veces olvidamos que esos dolores del alma también nos pueden acabar físicamente. 

Si estás leyendo esta reflexión el día de hoy, y has sentido que hay dolores que no se marchan de tu vida, pues déjame decirte que he traído para ti un recetario de fe que te ayudará a superar cualquier momento de dolor que se quiera encapsular en tu alma. 

Cuando dejamos que el desaliento domine nuestras vidas, estamos negando a Dios. Porque nos estamos dejando dominar por lo que sentimos, y no lo que realmente es el propósito de Dios. 

La mejor medicina del alma, es un corazón contrito y humillado ante Dios, un corazón sediento por la presencia del padre. Un corazón humilde que busque al padre en todo momento. 

Pasé algunas noches sin dormir, porque si hay dolores que te roban la paz, te quitan el sueño, y te hacen colapsar. 

A veces intentamos salir de ellos por nuestras fuerzas, hacemos uso de las distracciones tecnológicas, y otras actividades que nos hagan distraer la mente, estas son solo algunas acciones, pero si no tratamos el dolor a profundidad, este volverá y nos atrapará. 

Entonces es allí donde debemos levantarnos y pedirle al señor que sea nuestra medicina del alma. Que sea él trayendo un renuevo de su espíritu santo, que sea él transformando cada uno de nuestros corazones, y nuestras vidas. 

Toma un espacio de tu día, y dedícelo a Dios. Procura que antes de comenzar tu rutina, puedas establecer una conversación con él. 

Toma lápiz y papel, apunta los anhelos más recónditos de tu corazón, busca al padre en oración, dedícale un espacio sincero al Padre. Pídele que sea el sanando tu vida, que sea él quitando todo dolor, y trayendo una paz incalculable a tu ser. 

Solo así vas a poder ver cómo DIOS se derrama en tu vida, y comienza a cambiar las vestiduras. Va sacando todo aquello que no te conviene, y te va alimentando de fe. 

No hay ningún esfuerzo físico que nos pueda librar de una cárcel llamada dolor, solo Dios, y el poder del espíritu santo lo podrán hacer.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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