Salmo 18: 6 En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.

Todos, en algún momento de la vida pasamos por una noche oscura. Son esos procesos inevitables donde el corazón parece quebrarse, y donde creemos que no hay nada que lo pueda reparar. 

Esa noche oscura donde los miedos, la ansiedad, el dolor y la frustración se apodera de nosotros. 

Esa noche oscura cuando recibes la noticia de que esa persona que amas, ya no estará. O ese proceso en donde te das cuenta que tu matrimonio ha quebrado, o que perdiste todos tus ahorros y finanzas en un negocio que no tiene futuro. 

Quizás tu noche oscura es ahora, donde deseas que ese padre alcohólico o violento no llegue a casa. 

Esas noches oscuras que nos acontecen a todos. Hace algunos meses, en la sala de espera de un hospital, viví la noche más oscura de mi vida. Fue un dolor fulminante que atravesó mi alma por completo, y que como consecuencia de aquella, mi vida cambió por completo. 

Aprendí a vivir con la ausencia de alguien que amo con todas mis fuerzas, me hacen falta sus risas, sus palabras, su esencia, y sus consejos. 

Después de aquella noche, que todos solemos pasar, viene un proceso difícil de asimilar. Y es que después de esos eventos inesperados, llega a nosotros una nube de tristeza, de angustia, de ansiedad, y de depresión. 

Si has pasado por esto, sabes de lo que te estoy hablando. 

A veces, las secuelas de aquellas noches que nos dejan sin aliento, nos acompañan por una temporada interminable. 

Son esas noches donde no concilias el sueño, donde te atacan los nervios, donde la ansiedad te hace una mala jugada, y empieza la frustración a tomar dominio sobre tu vida. 

No son solo las simples lágrimas que ruedan por nuestras mejillas mientras recordamos esa absurda partida, es ese estado de ansiedad que nos roba el momento, nos roba el consuelo, nos roba la paz. 

No hay duda que los eventos traumáticos que nos acontecen dejan secuelas muy fuertes en nuestra alma, el problema está en ¿Cuánto más dejaremos que vivan dentro nuestro?

Hay un día en que debemos permitirnos volver a sonreír, hay un día en que debemos quitarnos esa vestidura de culpa, de condenación, de preguntarnos tantas veces que hice mal, o que pasó porque viví esto o aquello. 

Hay un día donde debemos pedirle a Dios que quite de nosotros esa oscura ansiedad, y aprendamos a vivir en el gozo, o en el refugio de nuestro señor. 

Las temporadas oscuras no son para siempre, nosotros somos los que nos anidamos al dolor, y a la desesperación. 

La oración es un recurso vital que jamás puedes subestimar, debes levantarte un día y orar al padre para que sea él quitando de ti toda carga que te afrenta. 

Hace unos días solo pedí a Dios que me ayudará a olvidar esa oscura noche, y trajera paz a mi alma, para poder tener un dulce reposo siempre en su presencia. Fue así como aquella oscura noche dejó de angustiarme, y contigo también puede pasar. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco 

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