Para hablar sobre esta reflexión, he tomado un capítulo de la biblia que es muy conocido por todos. 

Santiago 3: 1 “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. 2 porque todos ofendemos muchas veces. Si alguien ofende de palabra, este es varón perfecto, capaz de refrenar todo el cuerpo. 3 he aquí nosotros ponemos freno a la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo el cuerpo. 4 mirad también las naves, aunque tan grandes y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. 5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí ¡Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! 

6 La lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. 7 porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres de mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; 8 pero un hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. 

Creo que no hay pecado tan perverso y tan practicado por todos como el de la murmuración. Y es que en muchísimas ocasiones nuestra boca se convierte en una fuente de maldición cuando criticamos, blasfemamos, y hablamos mal de las personas que nos rodean. 

Hablar de otros y desprestigiar a otros, es una forma de vida muy tóxica que solo nos hace ver lo que verdaderamente hay en nuestro corazón. 

Es muy difícil creer que nuestro corazón está lleno de Dios, cuando usamos nuestra boca para hablar mal de otros. 

Hay un momento en nuestras vidas donde debemos recapacitar, debemos ver lo que sale de nuestra boca, debemos conocer bien qué es lo que decimos sobre otros, y si lo que hablamos no suma para nadie, entonces es  mejor hacer silencio. 

Las ofensas de palabras

Siempre hemos escuchado el peso que tienen las palabras, pero pocas veces le damos el valor a esto. La biblia dice en Santiago, que “el que no ofende de palabra, este es varón perfecto”; es decir que muchos de nosotros ya no llegamos a este mérito. 

Y es que comúnmente lo vemos como algo sin mucho valor, cuando usamos nuestra boca para ofender. Esto termina secando nuestras vidas, y nos vuelve cada día más personas más tóxicas. 

A veces se es muy ligero al hablar, y podemos perjudicar la vida de otros, diciendo cosas que están fuera de contexto. No hay nada más difícil que esto, porque luego que hemos dicho una palabra sobre alguien, no es fácil retractarse. 

Nuestra boca necesita un freno 

Si continuamos leyendo el libro de Santiago, el capítulo 3, nos daremos cuenta que nuestra boca necesita un freno. 

Nuestra boca puede encender un gran bosque. Y es que cuando no medimos las palabras que decimos, cuando no pensamos antes de hablar, cuando hablamos desde la rabia o la amargura, cuando estamos irritados y solo queremos decir nuestro punto de vista, desde allí terminamos pecando en cuanto a la palabra. 

¿Qué hablas?

También debemos cuidar lo que hablamos, hay personas que por estar en un nivel de autoridad, y tener dominio sobre otros, usan el poder de la palabra para manipular, y esto también acarrea maldición. 

Tenemos que tener siempre cuidado con lo que decimos; un ejemplo más práctico es este. Si eres un padre, o una madre, es cierto que llegarás momentos en los que te sentirás exhausto, por el comportamiento de tu hijo. 

Si esperas estar lo más molesto posible para reprenderlo, puedes que uses palabras no apropiadas, que puedan marcar la vida de tus hijos. Es por ello que a veces vemos adultos acomplejados en ciertas áreas de su vida, porque alguien les dijo una palabra que los marcó desde pequeños. 

Si Dios te ha dado la bendición de estar en un nivel alto, de ser autoridad para alguien, o te bendijo con una generación, entonces haz uso de tus palabras para bendecir, para estimular, para enseñar, y para amar. 

Nuestras palabras dicen mucho de nosotros, y estas se emplean para cosechar algo. Si eres de los que siempre usas tu boca para juzgar y nunca para abrazar o compadecerte, entonces terminarás creando un rechazo en la gente que te rodea. 

Hay personas muy despectivas con sus palabras. Y no se dan cuenta que con lo que dicen, marcan la vida de otra persona. 

¿A que nos llamó Dios?

Dios nos llamó a bendecir, a liberar, a sanar; y si Dios nos mandó a eso, nuestras palabras deben ir enfocadas en eso. 

De una fuente no puede salir bendición y maldición. De una sola fuente no puede salir agua dulce y salada. 

Cuando no eres capaz de dominar tu lengua, te verás envuelto en un mundo de maldad, y tu lengua contamina todo tu cuerpo. 

La gente que en verdad es feliz, que ha conocido a Cristo, que es libre; no pierde tu su tiempo ni gasta sus energías criticando la vida de otros. 

Ten mucho cuidado con lo que dices, con lo que piensas, incluso, con lo que escribes en tus redes sociales. Si crees que alguien no está haciendo las cosas bien, entonces haz un gesto de compasión y ora por él, pero no hagas y ni tomes espacios para maldecir tu vida ofendiendo la vida de otros. 

La lengua, como lo decía Santiago, está llena de un veneno mortal, que si no la cuidamos, esta puede seguir acabando la vida espiritual de las personas. 

Si has sentido que has usado tu boca para hablar sobre otros, y maldecir sus vidas con palabras ofensivas, o dañando el testimonio y la integridad de otras personas, es hora de recapacitar. 

Nunca es tarde, solo debes acercarte a Dios, pedirle sabiduría, pedirle que te guíe, y que pueda ser el ministrando tu vida; para que tu mundo interior atesore palabras de bendición y no maldición. 

Donde estés, no permitas que la murmuración se haga parte de tu vida; renuncia a este comportamiento tóxico que nos cierra puertas, y nos hace vivir estancados. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco 

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