No es nada místico, pero sí esencial en la vida de todo creyente; habitar en la presencia de DIOS todos los días de nuestras vidas. 

Me gusta el Salmo 27 cuando dice “una cosa he demandado a Jehová, y ésta buscaré, que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida”.  

Habitar en la casa de Dios, no es más que buscar en intimidad su rostro, es postrarnos ante él y orar por las bendiciones que él añadirá a nuestras vidas. 

Cuando reposamos en Dios, y entendemos el poder de su presencia, podremos conocer en intimidad los planes que el padre tiene para nuestras vidas. 

La intimidad con Dios nos fortalece, nos ayuda a crecer, nos hace personas de fe, personas espirituales que podemos discernir entre el bien y el mal. Seguir a Dios, va más allá de solo creer en él, seguir a Dios también va en adorarle, en buscarle, y en hacer que su corazón se vuelva a nosotros. 

Siempre debemos buscar un tiempo para adorar a Dios. Cuando estés en casa, saca un espacio de tu día para orar, para cantarle, para agradecerle, un espacio libre de distracciones donde puedas solo estar tú y él. 

Los beneficios del adorador 

Cuando leemos los salmos, podemos ver que David buscó a Dios antes de la angustia, y en la angustia. Este hombre, a pesar de sus errores, sabía ganarse el favor del padre.

Muchos de nosotros como cristianos, queremos fortalecer nuestra fe luego de un momento difícil, y no antes de ese momento; y esto es un grave error. 

Cuando vivimos una vida de adoración, nuestra visión y percepción cambia. Comenzamos a vivir por los frutos del espíritu, fortalecemos nuestro mundo interior, y nos dejamos guiar por su fuerza divina. 

Si nos llegamos a alejar de Dios y no intimidamos con él, las consecuencias son adversas. Tomamos decisiones desde la lógica, pensamos que tenemos la razón, y nos olvidamos de los planes de Dios.  

Nuestra adoración a Dios debe ser un constante caminar, entender que el padre nos ha llamado, y nuestra actitud ahora es adorarle.

Una vida de adoración nos motiva a crecer espiritualmente. Nos levanta el ánimo, a pesar de cualquier aflicción. 

Una vida llena de su presencia, nos hace caminar en fe, aceptar su voluntad, y entender que su comunión es eterna. 

Una vida de adoración nos permite vivir en fructificación, y veremos como las puertas del cielo se abren a nuestro favor. 

Y es que la adoración es la forma más sensata de agradecer a Dios todo lo que ha hecho por nuestras vidas; así como lo hizo la mujer del alabastro, que derramó su mejor perfume ante Jesús. 

Así debe ser nuestra vida entera, siempre postrada a los pies del Maestro, porque sólo él tiene palabra de vida eterna para nosotros, solo él nos provee en los momentos de escasez, sólo es él nuestro refugio en los momentos de dificultad. Solo él nos puede iluminar en la más dura oscuridad. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco 

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