Mateo 15:11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre

Muchas cosas suceden en nuestras vidas que pensamos que son a causa de lo que hay en el mundo exterior, y pocas veces cuidamos como está nuestro mundo interior. 

En nuestro diario andar, podemos pensar que lo que nos contamina viene de agentes externos, y en cierto modo puede ser posible, pero lo que debemos cuidar es, donde está cimentado nuestro corazón. 

Si eres una persona que siempre escuchas murmuración de terceros, y no eres capaz de hacer frente a quienes murmuran, entonces el problema no es de otros, el problema es que muy dentro de tu corazón, la murmuración también te contaminó. 

No pecamos porque somos obligados a pecar, para nada, nos dejamos llevar por las propias concupiscencias que hay en nuestro corazón, que si no se las entregamos a Dios, entonces somos presa fácil del enemigo. 

Otro ejemplo muy común; cuando somos personas incrédulas y batallamos con la falta de fe, es porque pocas o escasas veces hemos confiado en el padre, y confiamos más en nuestra propia fuerza. 

Entonces, somos blanco fácil para que personas con lenguaje anti fe dominen nuestras vidas y nos hagan pensar que todo está perdido. 

La biblia me dice en Mateo capítulo 15, que Jesús tuvo una discusión con los escribas y fariseos, pues ellos decían que el Maestro y sus discípulos quebrantaban las leyes de sus ancianos, porque no se lavaban las manos antes de comer el pan. 

Pero él de forma magistral explica que lo que contamina al hombre es lo que sale de su boca. Y definitivamente podemos entender que en nuestra boca está el poder, y en medio de las cosas que decimos, o la forma en que accionamos, es que podemos ver si nuestra fe está cimentada en Jesús. 

A veces, decimos amar a Dios por sobre todas las cosas, pero en el momento de la adversidad renegamos y juzgamos su soberanía. 

En ocasiones decimos tener fe, y en medio de la tempestad acudimos a otros, porque no logramos entender. 

Incluso, muchas personas dicen amar y conocer a Dios, pero usan su boca para dañar al prójimo, para hablar de otros, para juzgar y señalar el pecado de otros, y no activan una vida de compasión y misericordia. 

Esto nos habla de una vida ya contaminada. 

Estamos viviendo tiempos inusuales, y a esos tiempos les podemos agregar que las personas cada vez son más tóxicas, que amorosas. La compasión se ha perdido, y muchas veces solo hablamos desde nuestra propia doctrina. 

Nadie puede decir que ama a DIOS, si deshonra a sus padres. Nadie puede decir que ama a Dios, si deshonra, critica y habla de los hombres de Dios en esta tierra. 

Proverbios 27:19 En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona.

Todos los días de nuestras vidas debemos preguntarnos qué hay en nuestro corazón. ¿Realmente amamos a Dios?

Y no es una pregunta para auto juzgarnos, sino para analizar y corregir que nuestra vida, nuestro corazón, y nuestras palabras no sean usadas para contaminar a los demás. 

A veces, cualquier palabra por “sencilla”, que creamos que sea, puede afectar la vida de una persona. 

He visto en medio de dolores y tragedias que vive una familia, que personas usan palabras lisonjeras que no alivian el dolor, sino que lo maximizan. 

Otras, usan palabras anti fe, para hacerte creer que pierdes tu tiempo haciendo lo que estás haciendo. Incluso, algunos pueden llegar a burlarse de lo que para ti es un sueño. 

Y es que lo que contamina es lo que sale, no lo que entra. En ti está la decisión de aceptar o no lo que la gente quiere sembrar en ti. 

Y en ti también está la decisión de permitirle a Dios que use tu boca para bendecir y no maldecir, para agradecer y no para quejarte, para exhortar a otros, pero no juzgarle, para orar y no para murmurar. 

¡Dejemos a un lado lo que contamina!, solo debemos pedirle a Dios que nos use, y podamos ser instrumentos de luz para otros.

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