¿Cómo está tu vida espiritual?, esta es una pregunta constante que debemos hacernos todos los días de nuestras vidas. Si hemos menguado en la oración, y en la intimidad con la palabra de Dios, entonces ya tenemos una clara respuesta de cómo está nuestra vida espiritual. 

Cuando perdemos la intimidad con Dios comenzamos a enfriarnos y caemos en un ciclo donde ya nada que venga de parte de Él nos sorprende. Vamos endureciendo nuestro corazón, las oraciones son cada vez más cortas, y vivimos en el afán del día a día. 

Pocos reconocemos esta realidad, pocos decimos que hemos sido indiferentes ante la presencia de Dios, pero esto se puede ver a leguas, cuando empezamos a caminar bajo nuestros propios pensamientos, y nuestra humanidad. 

Si eres un verdadero creyente en CRISTO debes saber que los pecados y la indiferencia espiritual no puede hacer un nido en tu vida, debes volver tu corazón a Dios y pedirle que él ponga de nuevo su amor en ti. 

Adorar en Espíritu y en verdad 

Un verdadero adorador de Dios se reconoce por su espíritu. La biblia dice en Juan 4: 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Hay una forma de acercarnos a Dios, y es entendiendo que somos seres espirituales. No podemos exigirle nada a Dios cuando no hemos orado, cuando no hemos tenido ese momento de intimidad con el Padre. 

Aunque el señor conoce todas las peticiones de nuestro corazón, una forma de hacer inclinar su oído a nosotros es teniendo un amor ferviente por su presencia. Moisés sabía que la presencia de Dios era tan importante para su vida y es por ello que Éxodo 33:15 él clama” Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

No puedes acostumbrarte a vivir sin la presencia de Dios, no puedes aceptar vivir apartado del Padre, porque si lo haces, solo te estarás convirtiendo en un blanco fácil de las tinieblas. 

Debes entender que Dios quiere todo de ti, y solo podemos acercarnos a su trono a través de la adoración que fluya desde nuestro espíritu. 2 de Corintios 3: 17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

Ten un corazón agradecido con Dios 

Si has experimentado el amor y la misericordia de Dios, debes ser agradecido con el padre, y preséntate delante de él con un corazón que rebose de agradecimiento y adoración.  

No hay un mayor sacrificio para Dios que un corazón quebrantado, un espíritu quebrantado y humillado ante su presencia.

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