“Jehová es mi pastor; nada me faltaráSalmo 23: 1

Uno de los hombres más apasionados que podemos encontrar en la biblia, es David. Puedes llamarlo de diferentes maneras, David el pastor de las ovejas, el rey David, no importa cual fuere su oficio, siempre su confianza estuvo firme en El Señor.

El buen pastor

Es hermoso ver como un hombre puede ver a Dios a través de su propia labor, es decir, David siendo pastor pudo ver a Dios como uno también. La naturaleza de David, determinaba su oficio. Él pudo ver la esencia más predominante de Dios, un pastor.

El salmo 23 representa la oración de un hombre que, sin duda, amaba a Dios por encima de todas las cosas. La oración permite llamar por adelantado el beneficio. La bondad, el favor y las misericordias de Dios. “Jehová es mi pastor; nada me faltará”

David tendría por delante batallas que librar, gigantes que destruir, enemigos que vencer, traiciones que superar, y su oración siempre estaba fija en el único Dios que tiene todo el poder de abrir el mar, de detener el tiempo, con tal de mostrar su gloria a tal punto que su pueblo tenga la victoria. 

La oración te libra del temor

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” Salmo 23:3 

Las noches más oscuras pueden ser el escenario perfecto para que Dios irrumpa con su luz. Por encima de toda situación difícil, problemas o circunstancias, puedes tener la confianza que Dios está a tu lado peleando contigo porque te ama.

David fue un rey guerrero, un pastor guerrero. Mientras cuidaba de las ovejas, tuvo que librarlas de las garras del león y del oso, de la intemperie, del frío, del calor. Pudo quebrar la mandíbula de las fieras y así salvar a su rebaño. 

Su oración expresa que, no hay lugar para el temor en medio del valle de sombra de muerte, puede ser una enfermedad, una separación matrimonial, un desajuste económico, sea cual sea la situación, la oración te brinda la total seguridad que triunfarás, que atravesarás el valle, que la vara y el cayado de Dios te levantan y dan aliento.

El temor es lo opuesto a la fe. El temor paraliza, ejerce su plan en tus pensamientos para que no puedas ver la salida, te roba el poder de avance, te vuelve indeterminado, te hace ver como muerto.

¿Puedes por un momento imaginar tener un león frente a ti, rugiéndote.?  

Puede que no hables el idioma animal como para saber que te está diciendo, pero seguramente lo estás entendiendo. Estás en una situación tan compleja que no encuentras una solución y comienzas a pensar que, si corres te atrapa, si pides ayuda necesitarías de un ejército, si gritas no serviría de nada y es allí donde sin ser atacado, ya el temor te venció y mostró una imagen sutil de tu muerte.

David los enfrentó haciéndose tan fuerte en la oración, que su vida no importaba si tenía que ponerla como garantía, porque cuando operas sin temor, aunque andes en valle de sombra de muerte, no temerás mal alguno. ¡Aleluya!

El ejemplo de Jesús

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado y no le importa las ovejas. Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas y las mías me conocen, así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” Juan 10:11-15

El buen pastor determinó dar su vida por nosotros. Con tan grande protección no hay espacio para la incredulidad, para el temor, para la desesperación y aunado a esto, nos dejó una promesa que se hace cada vez más fuerte a medida que tu vida es desarrollada en la oración.

“Si algo pidieras al Padre en mi nombre yo lo haré” Juan 14:14

Nota que la biblia nos presente a Jesús de la misma forma como fue conocido David, el pastor de las ovejas. Dios pudo encontrar en David un hombre conforme a su corazón, porque éste era el reflejo de Cristo.

La oración de David era la oración de Cristo.

Los gigantes son vencidos en la oración

David aún no había sido declarado rey cuando venció a Goliat, es decir, quien venció al gigante no fue el rey David, sino por el pastor de las ovejas. Cuando actúas en tus fuerzas, te cansas, te desgastas, te decepcionas, te irritas, te enfermas. Ahora, cuando vives en el poder de la oración, solo suelta la palabra y tu enemigo caerá.

El secreto de la victoria de David ante Goliat, no estuvo en su puntería sino en su vida de oración. 

“Tu vienes a mí con espada y lanza y jabalina; más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos” 1 Samuel 17:45.

Es decir, David tuvo la victoria mucho antes de tirar la piedra, su triunfo estuvo en la vida de oración con su Señor. Debes hacerte fuerte en la oración, David dijo en el salmo 23:5-6 lo siguiente:

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

La oración hizo que David no maximizará a sus enemigos, en medio de todas sus luchas pudo ver siempre llena su copa. Este gran hombre de Dios, nos enseña que con oración todo, sin oración nada.

Tu respuesta, tu milagro, tu victoria, está detrás de una oración. Vive dispuesto a cruzar la línea que te quiera separar de esta verdad y deja que el pastor de las ovejas te guie por el camino que determinó para ti. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

 

 

 

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