Una verdad que en ocasiones se encuentra oculta es que muchas personas viven dobles vidas. El hecho de expresar que conocieron al Señor o decir que son cristianos se ve opacado por  lo que realmente demuestran con sus hechos. Esto ocurre porque no hemos entendido lo que implica seguir a Jesús.

En este sentido, ¿Qué galardón nos espera en el cielo, según nuestro comportamiento? Veamos que nos exige Dios para este, y como debemos ganárnoslo, esto es en lo que todo cristiano debe meditar.

Cuiden el Fruto de su trabajo:

2 Juan 1: 8 “Tengan cuidado de no perder el fruto de su trabajo, a fin de que reciban el galardón completo.” 

El autor de la segunda epístola de Juan tiene en cuenta la magnitud de nuestras obras antes de llegar a la gloria del Padre. Pues ¿qué diremos ante lo que hicimos?, ya que Él es quien tiene la última palabra con respecto a lo que nos merecemos ya estando en su reino.

Esta carta estaba dirigida directamente a cristianos, y su poderoso mensaje se mantiene exhortando  a los hermanos de hoy. Esto se debe a que, el hecho de que la salvación no se pierde, lleva a las personas a tomarlo de manera superficial,  en vez de valorar esta grandiosa obra de misericordia de Dios. 

Aunque una persona haya creído en Jesús y en su sacrificio en la cruz, no quiere decir que no se encontrará con Nuestro Padre a rendir cuentas de lo que ha hecho. Cuando se refiere a “Galardón” hace referencia a un reconocimiento, una recompensa por el esfuerzo realizado en la tierra, sin embargo, enfatiza en que sea completo, por ello no basta con solo creer en Jesús.

El esfuerzo realizado en este mundo, se comprende como el trabajo por hacer la voluntad de Dios, que va desde nuestras buenas obras, nuestra santidad y nuestra resistencia al pecado.  En este sentido no podemos conformarnos con solo asistir a la iglesia los domingos o simplemente alabarlo con una hermosa canción, el reto que nos demanda el Señor es aún mayor.

1 Juan 2:4 “El que dice: <<Yo lo conozco>>, y no obedece sus mandamientos, es un mentiroso, y no hay verdad en él.” 

Muchos son los cristianos que dicen que conocen al Señor, pero si entendemos que Dios es Santo, cómo podemos estar en dos aguas, ser cristianos, pero amar cierto pecado. Las corrientes de este mundo son muy atrayentes y con gran sutileza hacen caer a más de un hermano que no ha comprendido la esencia de la vida de un seguidor de Jesús, un hijo de Dios.

El que hace lo malo realmente no ha conocido al Señor, pues si él es Santo nosotros como hijos debemos buscar esa santidad que solo proviene de él.  Quien busca hacer lo correcto ante nuestro Padre, en obediencia a su palabra, es quien realmente lo ha conocido, puesto que ha valorado el sacrificio del Hijo y ha entendido que quiere él Padre con su vida, esto lo hace ser de Dios.

¿Puedo ser de Dios y pecar?

Es imposible agradar a Dios al seguir pecando, por ello si nuestra vista no está puesta en agradarle, en obedecerle y adorarle con cada parte y sentido de nuestro cuerpo, es un hecho que realmente estamos diciendo que somos de Dios pero no viviéndolo. En este punto realmente no le conocemos, y la gracia del sacrificio de su hijo no ha actuado en nosotros. 

Juan 1:11 “Amado no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios, pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios”

Las personas que se complacen en lo malo, realmente no han visto al Señor, esto quiere decir que no tienen el Espíritu Santo, el cual les ilumina la verdad y los guía. Estas personas que se dicen llamar hermanos mientras se gozan pecando, son las que realmente no tienen ni la salvación, ni el galardón.

Ahora bien, ciertamente en este mundo luchamos contra los deseos de la carne y es la resistencia al pecado la que nos mantienen sujeto a lo que Dios quiere con nosotros. Las tentaciones siempre estarán, pero nuestro enfoque siempre debe estar puesto en la santidad del Padre.

¿Cómo cuido mi galardón?

2 Juan 1:9  “Cualquiera que se extravía, y que no persevera en la enseñanza de Cristo, no tienen a Dios, pero el que persevera en la enseñanza de Cristo, si tienen al Padre y al Hijo.”

El autor de la segunda epístola recalca la palabra “perseverancia” esta es la clave en la vida de un cristiano. Como antes mencionamos, las corrientes que envuelven este mundo son muy atrayentes, y nuestra naturaleza nos lleva a deleitarnos en ello. Sin embargo, la perseverancia en lo que Jesús enseñó, nos permitirá resistir al pecado y obedecer la voluntad de nuestro Padre.  

Confiesa tus pecados:

Para cuidar nuestro galardón, debemos reconocer que no somos perfectos, y que cometemos errores, estos pecados pueden ser una piedra de tropiezo en nuestro testimonio ante Dios y la sociedad.

1 Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” Dios nos limpia borrando todo error de nuestra parte, ahora pues nosotros debemos purificarnos cada día, pues en cada minuto somos tentados. Al confesarme ante Dios me mantengo dentro de su santidad, alejado del pecado.

Sigue los pasos de Jesús:

1 Juan 2: 6: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”

Jesús siendo Dios se volvió hombre, aunque es un hecho que para muchos sería ilógico, para Dios no lo era. El que Jesucristo estuviera en forma humana, tuvo diferentes propósitos, sin embargo uno de los que más resalta es el hecho de que tenía que darnos ejemplo.

Aunque tenía poder, se cansaba, sentía dolor, fue humillado,  tenía necesidades y fue tentado, tal como nosotros. Ahora bien él logró mantenerse en santidad, respetando y haciendo la voluntad de nuestro Padre. Nos dio ejemplo, nos enseñó como maestro, el hecho de andar como él anduvo, representa vivir bajo los lineamientos que nos enseñó, obedeciéndolo y santificándonos.

Así que amados hermanos, si de verdad somos de Dios y estamos seguros de que somos salvos por la gracia, debemos esforzarnos cada día, procurando siempre obedecer su palabra, y perseverando en todo lo que su Hijo nos demostró. De este modo sabremos que le pertenecemos al Señor y que nos espera un merecido galardón en los cielos.

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