Mateo 2:10-12 “Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, entraron en la casa y vieron al niño con su madre María, y se inclinaron y lo adoraron. Luego abrieron sus cofres de tesoro y le dieron regalos de oro, incienso y mirra”

En estos versículos se narra el suceso cuando los Reyes Magos se encontraron con Jesús. Sin embargo, el versículo 13 dice: “Después de que los sabios se fueron, un Ángel del señor se le apareció a José en un sueño y él dijo, Levántate y huye Egipto con el niño y su madre, dijo el Ángel, quédate allí hasta que yo te diga que regreses, porque Herodes buscará al niño para matarlo.”

 ¿La presencia del señor Jesús genera en nosotros o puede generar una de 2 respuestas? Vemos como en la primera parte que del versículo 10 y 11 del capítulo de Mateo habla sobre la adoración que ofrecieron los sabios. Se postraron ante Jesús y trajeron regalos de oro, incienso y mirra y lo ofrecieron en adoración al Cristo que estaba allí pequeñito. 

Pero, cuando recibió la noticia de parte de los sabios de que habían visto una estrella en Belén y que había nacido un rey, Herodes enseguida inició una búsqueda para matar a Jesús. Esto es porque él decía que no podría haber otros reyes más que él. 

Los dos tipos de reacciones

En la primera reacción vemos que la presencia del Señor impulsa a adorar y es lo que en muchas de nuestras vidas sucede cuando conocemos a Jesús. Cuando experimentamos el amor del maestro, entonces somos movidos, adorar.

 Somos movidos a postrarnos, seamos quien seamos tengamos el título, la oposición que tengamos. Cuando encontramos a Jesús, somos llevados a adoración. 

Pero también está la segunda respuesta que es la que nos impulsa a despreciar a Jesús a fin de cuidar o sostener nuestro reinado. Y, aunque parezca que entre el negro y el blanco existe una gran cantidad de tonos grises, la verdad es que el blanco, sólo existe 1 lo demás no es blanco. Lo demás es gris o negro.

Es decir, a veces decimos adorar a Jesús, pero estamos viviendo como si Él no existiera. Estamos en tonos grises, realmente nos estamos dando el blanco de la adoración. 

Muchas veces decimos que adoramos a Jesús, que amamos al maestro. Pero, cuando nos ponemos a analizar nuestra vida, estamos viviendo como Herodes, buscando maneras de mantener o sostener nuestro reinado, en lugar de darle paso a que Jesús sea el rey de nuestra vida. 

Los Magos llegaron de lejos para adorar a Jesús. A ellos no les importó nada, sino que adoraron porque vinieron para eso. Ellos entendieron que estaban allí y recibieron dirección, fue para eso. 

Reflexión para nuestra vida

Nuestra vida también debería ser una completa adoración al Señor. Y tal vez te preguntes, pero ¿Qué es adoración? La adoración es hacer sacrificios para Dios y nuestro mayor sacrificio al Señor debe ser nuestra voluntad.

Es decir, quitarnos nuestra corona de rey y cederla al Señor, decirle, Señor, yo quiero que mi vida sea como tú quieres. Esto es lo que nos ayuda a nosotros en medio de los procesos a poder afrontar las dificultades y salir de ellas. 

Cuando Jesús se encontraba en medio de su proceso más terrible, que fue ese momento en el que se preparaba para ser crucificado decía: Padre, yo quiero una cosa, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya. 

En ese momento Jesús estaba renunciando a su corona. El rey que había nacido estaba renunciando a su corona para que fuese Dios el que gobernará en su vida. Es lo que debemos hacer nosotros día tras día, decirle como Jesús dijo: Señor, yo quiero esto, pero que se haga la voluntad tuya y no la mía.

Esta es la manera en la que adoramos al Señor y damos paso al Rey Jesús en nuestra vida. Entonces te invito el día de hoy a reflexionar, ¿cuál está haciendo tu respuesta al conocer de Jesús? ¿Estás haciendo como los sabios que se postraron y adoraron o haciendo como Herodes?

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