Creo que en el nuevo testamento no había algo más que Jesús debatiera con sus discípulos que la falta de fe. 

Es que en innumerables pasajes, vemos a Jesús hablándoles como hombres de poca fe, pues a pesar de que seguían al Mesías, y veían sus milagros, a veces dudaban de lo que ellos mismo podían hacer. 

Es así como el Señor siempre les tildaba de incrédulos. Y es que la incredulidad es una de las armas que toma el enemigo en nuestra mente para hacernos desfallecer y claudicar en la fe. 

Cuando abrimos la puerta a la incredulidad en nuestras vidas, somos blanco fácil de las tinieblas, entonces allí nuestra vida comienza a menguar en todas las áreas. 

Hebreos 11:6 “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

La fe es la sustancia más lineal que nos permite agradar al Señor. Es orar con fe, declarar con fe, y caminar con fe. Es por ello que el centurión hizo alegrar a Jesús cuando le dijo “señor solo envía la palabra y mi siervo sanará”. 

Y es que nuestra fe debe ser sin límites, sin prejuicios, debemos caminar y abrazar la palabra del Padre y aplicar la fe en todas las esferas de nuestra vida. 

El señor nos demanda quitar de nuestra vida la duda, porque la duda trae consigo el temor, y el temor nos hace abortar la palabra de Dios. 

Mateo 21: 21 Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.

En esta parábola el señor Jesús insiste a sus discípulos, “si tuvieran fe y no dudaran”; y es que a menudo decimos que creemos en Dios y aceptamos su palabra en nuestras vidas, pero cuando no todo acontece como lo esperamos, allí nuestra mente juega un duro papel y comenzamos a dudar de forma incontrolable.

La fe nos ayuda a confiar plenamente en Dios, y dejar que nuestras cargas sean depositadas en el padre. No podemos confiar más en lo que tenemos, que en lo que Dios tiene para nosotros. No podemos confiar más en nuestra fuerza, en nuestro intelecto, en nuestra economía, que en lo que Dios trae para nosotros. 

Salmo 20: 7 Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.

Antes de seguir transitando debemos preguntarnos, ¿en qué estamos confiando?, si confiamos más en nuestras fuerzas, terminaremos cansados, incluso frustrados. Y es que la fe es necesaria para todos los días renovarnos por medio del espíritu santo. 

La fe no son palabras positivas, la fe es saber en quien has creído sin importar la circunstancia difícil. La fe es saber y confiar en que has creído en un Dios poderoso, capaz de cambiar tu lamento en baile. 

Es aprender a aceptar su voluntad, y pedirle al Señor que sea él trabajando en medio del proceso, en medio de las pruebas. 

Salmo 22:5 Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.

Cuando confiamos en Dios, podremos recibir la liberación del Padre. Podremos disfrutar de su amor puro e incondicional, un amor maravilloso y eterno que nos hace vivir plenamente. 

No se trata de vivir fuera de la realidad, se trata de entender que a pesar de todo lo que vivimos, Dios permanece fiel, porque su palabra es para siempre.

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