Hoy basaré esta reflexión en el libro de Hechos, capítulo 16, versículos desde el 23 al 31. 

Cuando conocemos a Dios resulta hermoso y reconfortante, casi siempre llega a nuestras vidas en medio de un momento difícil y su amor nos revive. Con nuestra vida procuramos vivir adorándolo constantemente y esto resulta fácil cuando todo marcha bien, pero cuando hay problemas no es tan sencillo.

La historia que leemos en este texto nos habla del carácter de dos hombres que adoraron a Dios aún en medio de mucho sufrimiento y como Dios los recompenso. 

Tormentas repentinas V23-24

A todos nos gustaría vivir sin conflictos que aparecen de la nada, como nubes negras de tormenta, pero son muchas las veces que nuestro panorama cambia en un segundo llenándonos de angustia. Así le ocurrió al apóstol Pablo Y Silas, quienes por hacer el bien fueron castigados injustamente.

El pueblo en una colonia de Filipos se levantó contra ellos, los azotaron y los metieron en la cárcel en la parte más profunda de la prisión y para empeorar los amarraron al cepo. Fue un momento muy incómodo, donde de seguro sentían rabia, frustración, e impotencia, pero no se entregaron a la queja.

Cuando leemos la historia vemos como Pablo y Silas no renegaron del Señor, no se quejaron ni maldijeron, no insultaron ni se arrepintieron del bien que habían hecho. Note como actuando bien, aun así, los momentos difíciles les afectan, aunque eran hombres de Dios no estaban inmunes al sufrimiento.

A veces nos preguntamos por qué nos ocurren malas situaciones, si estamos caminando con Dios, llegamos a pensar que él nos castiga o que no estamos haciendo las cosas bien. Pero no ocurre nada de esto, solo pasa que nuestro carácter se moldea en las situaciones difíciles y es allí donde se prueba nuestra fe.

Dios no provoca el mal, solo lo permite para que nuestra convicción sea puesta a prueba y se manifieste cuanto confiamos en él, sin las pruebas nunca sabríamos la fuerza de nuestra fe.

Encarando la tormenta V25

Si bien pablo no se quejó, ni dispuso su corazón a llenarse de amargura, no quiere decir que no hizo nada. La historia nos narra cómo allí, en ese lugar, él y su compañero, se dedicaron a orar y entonar canciones para el Señor, en medio de su sufrimiento, fueron a Dios en busca de consuelo.

No lucharon con argumentos o herramientas humanas, fueron a aquel que podía librarlos de la injusticia. Su acción nos muestra que tan conectado estaba su corazón con Dios, que aun en ese duro proceso pudieron ellos buscar a Dios e incluso entonar un canto que adorara y los reconfortara.

En muchas ocasiones, cuando un golpe fuerte nos embate, nuestra primera reacción es quejarnos, preguntar por qué o buscar consejos y soluciones en cualquiera que esté cercano. Muchas veces dejamos a Dios como último recurso, lo hacemos a un lado y buscamos actuar con nuestras fuerzas.

Nuestra adoración no puede limitarse solo a los buenos momentos, sino que en todo tiempo debemos reconocer quien es nuestro Señor. Él debe ser nuestro primer lugar de socorro y por más dura que sea la carga no debemos dejar de confiar y adorar, ya que él tiene el control de todo.

La respuesta divina V 26-31

Así de repentina como la tormenta también llego la salida, al estar Pablo y Silas cantando sucedió un terremoto que abrió las puertas y las cadenas. No hay casualidad, en esta escena todo es orquestado por el Padre, pero más que el ser liberados, su recompensa fue ver al carcelero postrado a sus pies preguntando qué hacer para ser salvo.

En los caminos del Señor todo guarda un propósito y aun los sufrimientos tienen una razón de ser, cuando lleguen tus tormentas no te entregues a la queja, la amargura o la desesperación confía en tu Señor y adora porque él te dará la salida.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

compartir por messenger
compartir por Whatsapp