San Juan 5: 5-9 

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.

Lo que la biblia nos enseña

Cuando nuestros cuerpos tienen algún padecimiento, nuestras emociones e incluso, nuestra vida espiritual puede llegar a afectarse. Esto es debido, a que caemos en el desánimo, frustrándonos al ver que Dios no nos sana.

Esto nos puede llenar de confusión cuando escuchamos que otra persona ha sido sana y nosotros seguimos estando enfermos. También, da lugar a una pregunta difícil de responder, ¿Por qué Dios sana a unos y a otros no?

A pesar de ello, debemos de estar seguros de que Dios actúa de acuerdo a su perfecta voluntad. Además, sus conocimientos son infinitos, mientras que nuestros conocimientos son imperfectos y limitados.

El hecho de que la sanidad de Dios nos es un misterio, no debe hacer que perdamos la vista de nuestro Señor Jesucristo. Esto es debido a que Él está caminando con nosotros en cada momento de nuestra enfermedad o problema.

Si estás enfermo, cómo responderías si Dios te preguntará: ¿Quieres ser sano?. Ante la pregunta, supongo que tu respuesta sería un rotundo sí. 

Sin embargo, si nos vamos a la respuesta del paralítico del pasaje que leímos, dejó ver el sufrimiento que llevaba por dentro. Su respuesta estaba marcada por su vivencia, y por el pasar del tiempo, es decir, ese largo momento cuando no vio ni sanidad ni respuesta alguna de parte de Dios.

Ante esos momentos de angustia y dolor, no debemos renunciar a la idea de que nuestra vida está en sus manos. Consentir esas ideas sólo alimentará nuestra destrucción espiritual.

  • Reflexión para la vida

Ante un momento de enfermedad nunca pierdas el deseo de ser sano, nunca pierdas el deseo de una respuesta de parte de Dios. Deja las lágrimas y permite que la llama de la esperanza en el Señor se avive en ti.

Así como Jesús le dijo al paralítico: “Levántate, toma tu lecho y anda”, toma una acción de obediencia y fe. Este hombre tenía la opción de escoger creerle al Señor y ser sano o quedarse sumergido en la pena y decepción. Sin embargo, vemos que su respuesta fue de obediencia, se levantó y caminó, cosa que no había hecho durante la mitad de su vida.

Querido amigo y hermano, si Dios te da una palabra lo único que debes hacer es ponerte de pie y creer lo que Él te está hablando. Es una decisión de valientes creer, pese a que no es fácil, pero es de valientes tomar acciones con base en ello.

Recordemos algo, nuestro trabajo no es de entender a Dios, o como Él obrará en sanidad, o simplemente estar de espectador ante la sanidad de otros. Nuestro trabajo es obedecer, y creer que Él hará, ya que de alguna u otra forma Él responderá a sus promesas en la biblia.

Nuestro Dios es un Dios que no miente a su palabra, pues a su momento, Él la cumplirá, ya sea bajo nuestro entendimiento, bajo su Divina sabiduría.

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