Todos en algún momento hemos experimentado una sensación de abandono, aunque esto no es normal, porque la soledad para los que hemos creído en Cristo, no es normal; no podemos negar que hay momentos donde esta nos perturba.

Hay procesos o situaciones que nos llevan a creer que estamos solos, pero Dios en su infinito amor nos acompaña.

No cabe duda que en las situaciones difíciles, en los procesos más adversos es que podemos probar quien está con nosotros, o por lo menos descubrimos quién nos ama, sin ninguna condición.

Leyendo la biblia pude observar que el gran apóstol Pablo también sintió esa sensación de abandono. Lo podemos observar en la carta que le escribe a Timoteo.

Pablo estaba atravesando un momento difícil para su vida, esos momentos donde las fuerzas desfallecen, donde la soledad y los pensamientos anti fe atacan fuertemente, sin embargo por eso le escribe en la segunda carta a Timoteo, el estado de su situación.

1 de Timoteo 4:

6 Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. 7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Pablo no se avergonzó de decir lo que sentía a su hijo discípulo Timoteo, estaba en sus tiempos finales, sabía lo que venía, y es por eso que lo que más necesitaba el Apóstol Pablo, era sentirse acompañado.

Pablo le pide a Timoteo de su compañía, pues su alma podía estar afligida y la compañía de un hombre de fe le iba a alentar, por eso lo expresa en versículos venideros.

9 Procura venir pronto a verme, 10 porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. 11 Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. 12 A Tíquico lo envié a Éfeso.

En ese momento, el apóstol se sintió solo, pues tenía un Demás que lo había desamparado, que se había ido, que no estaba con él. Los demás seguían trabajando en la obra del Señor, pero eso no podría aliviar lo que el apóstol Pablo sentía, una sensación de abandono.

Seguramente te ha pasado, creo que todo lo hemos experimentado. Hace un tiempo, pasé por un proceso muy difícil en mi vida, volteé a mi alrededor, y de los muchos amigos que tenía, solo dos quedaron conmigo, dándome abrigo.

A esos los identifique, a esos los acerque más a mi, a eso les di un lugar especial en mi vida. Pues en los días de alegrías todos pueden compartir tu sonrisa, pero en los días de llanto, aflicción, o desesperación, son pocos los que están dispuestos a acompañarte.

Algunos porque no han desarrollado ese don compasivo, y otros como “Demás”, porque simplemente no tienen tu misma fe.

Pablo continúa con las instrucciones y pide a Timoteo su capote. 13 Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos.

Pablo necesitaba abrigo, una palmada en la espalda, una palabra de esperanza, Pablo definitivamente necesitaba sentirse acompañado, pues los tiempos que estaba viviendo eran más que difíciles, y allí necesitaba gente de su misma fe.

Actualmente, vivimos en una sociedad muy fría, se ha perdido la compasión, la empatía y la misericordia. Ya casi nadie es capaz de visitar a los enfermos, nadie acompaña a las viudas y pocos son los que tienen actos de misericordia.

Muchos viven para mostrar lo feliz que son, pero pocos son los que están dispuestos a compartir con otros.

Desde aquel día en que pude ver quien me sostenía en la aflicción, comencé a ser del tipo de personas que acompaña, anima y restaura. Puedo libremente disfrutar de las sanas alegrías y de los éxitos, pero también puedo caminar contigo por un largo duelo, en medio de cada proceso, seguir siendo la misma persona.

Es allí donde podemos entender que no estamos solos:

6 En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. 17 Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león.

Si bien podemos ver y entender que Dios nunca nos desampara, también es necesario saber quién está con nosotros, quien nos acompaña en tanto dolor y debilidad. Hoy tomate un tiempo para contactar a esas personas que has dejado peleando solas, de las que te has separado, a las que has juzgado pensando que su proceso es tonto, o muy pequeño.

Toma un tiempo, haz una llamada, una visita, un gesto de compasión, pero recuérdale a alguien que no está solo, que además de tener a Dios, te tiene a ti como un gran amigo, como una persona capaz de acompañar en medio de la tempestad.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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