Una vez que hemos entregado nuestra vida a Dios, lo primero que debemos saber es que el Padre todo lo hace nuevo. 

Nunca será fácil despedirnos del viejo hombre, pero cuando le pedimos a Dios que nos ayude en esta tarea de renovación, nos daremos cuenta que volver a atrás jamás será una opción. 

Dios todo lo hace perfecto, y una vez hemos sido introducidos en su reino, él empieza a hacer su trabajo en nuestras vidas. 

Algunos, literalmente Dios los saca de las tinieblas, otros los restaura por completo, o cambia su carácter, lo que es cierto es que Dios todo lo hace nuevo, y nunca nos deja igual. 

Su trabajo en nuestras vidas siempre será llevarnos a una nueva dimensión, pero la pregunta es ¿Cuál es nuestra tarea?

2 de Corintios 5: 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Dios siempre permanece fiel, y me gusta cuando la biblia dice que si alguno está en Cristo es  una nueva persona, porque esto nos da entender que los pecados del pasado, los dolores o penas, Dios lo va cambiando. 

Una vez nosotros entregamos nuestro corazón a Dios debemos estar consciente que él buscará por todos los medios transformarlo. El jamás nos dejará igual, el buscará siempre hacer su obra maestra en nosotros. 

No llegaremos a la estatura del varón perfecto, pero si viviremos una santidad, en esa vida genuina que ama a Dios, y que se entrega sin da de manchas. 

¡Cuidemos el corazón!

La biblia dice en el libro de Jeremías 17:9 lo siguiente:

9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? 10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

Dios conoce nuestro corazones, él sabe todo de nosotros y cuando estamos en este proceso de cambio y de transformación, lo que debemos cuidar es nuestro corazón. 

En el corazón se atesoran pensamientos de bien, de vida, de bendición. Es allí donde poco a poco iremos transformando nuestro ser.

Podemos hablar o decir mucho, pero solo el corazón revelará las personas que somos. Muchas veces, el hablar no será tan poderoso como las acciones, es por eso que Dios no se fija en todo lo que podemos decir, sino más bien en cómo accionamos. 

Cuando Samuel iba a escoger el próximo rey, Dios le dice que no se puede dejar de impresionar por su apariencia, ni estatura, pues el señor se fija siempre en el corazón. 

En este sentido, el corazón debe ser cuidado, debe ser alimentado por la palabra, la oración, y todas las disciplinas espirituales que creamos necesarias. Solo así podremos alcanzar un corazón limpio y puro delante de Dios. 

Salmo 51:10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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