En el caminar de la fe cristiana, el concepto del perdón ocupa un lugar de profundo significado. Este es un concepto que vemos reflejado en la vida de Jesucristo, pues Él nos perdonó y nos dio su gracia como ejemplo para nosotros también aprender a perdonar. Por lo tanto, es una virtud que trasciende nuestras limitaciones humanas y nos conecta con la infinita misericordia de Dios.

En este artículo, exploraremos el pasaje bíblico de Mateo 6:14-15 y reflexionaremos sobre cómo el perdón, tanto el que hemos recibido como el que estamos llamados a otorgar, desempeña un papel esencial en la experiencia cristiana. A medida que nos sumergimos en las aguas de este tema, descubriremos cómo el ejemplo de Jesús nos guía en el camino hacia la reconciliación y la paz interior.

Primeramente, ¿Qué es el perdón?

Según la Biblia, el perdón es un concepto trascendental en donde el ofendido muestra clemencia y misericordia hacia quien le ha causado algún mal. De esta manera, cancelamos la deuda que el ofensor tenía contra nosotros.

Además, según las enseñanzas bíblicas, el perdonar implica restablecer y restaurar las relaciones rotas con quienes nos han ofendido. Por otra parte, al perdonar, también nos liberamos del rencor, sanamos nuestro interior y volvemos a tener paz en nuestro corazón. Es por ello que, en la Biblia, Dios nos insta a perdonar, porque al perdonar obtenemos bendición, sanidad y liberación.

El perdón es la base de nuestra relación con Dios, debido a que Él es quien nos perdonó primero de nuestros pecados y de manera gratuita. Gracias a su perdón, fuimos recibidos como hijos por su misericordia. De hecho, es por ello que Dios también espera que nosotros perdonemos como también hemos sido perdonados (Mateo 6:14-15)

El perdón se convierte en algo más que una sugerencia para los verdaderos hijos de Dios, es un mandato para todos los hijos suyos. Pero, es normal que, como seres humanos, muchas veces se nos complique perdonar y seguir el ejemplo de Jesús. En este caso, ¿Qué podemos hacer? Pues bien, en este caso te explicaremos lo que deberías hacer.

Entrégale tu dolor a Dios

Primeramente, debemos entender que perdonar no se trata de aceptar o excusar lo malo que la otra persona te haya hecho, sino que lo hacemos para ser libres del dolor y del renco, a fin de sanar nuestra alma. Es decir, se trata de seguir adelante sin permitir que nuestro ofensor tenga poder sobre nuestras emociones y acciones con el daño que nos ha realizado.

Para lograr esto, es necesario entregarle a Dios nuestro dolor y confiar en que será Él quien se encargará de hacer justicia en su tiempo perfecto, tal y como indica Proverbios 20:22. No obstante, aun después de haber perdonado a quien nos ofendió, es necesario actuar con prudencia y orar por esa persona para que Dios trate con él y le cambie.

Toma la iniciativa siguiendo el ejemplo de Jesús

No es necesario esperar a que la otra persona nos pida perdón, sino que podemos tomar la iniciativa de perdonar, como lo indica Mateo 5:23 al 26. Es decir, que tenemos la opción de liberarnos del enojo y la amargura en obediencia a Dios y por el bien de nosotros mismos.

Este es un ejemplo que podemos tomar del mismo Jesucristo, quien nos perdonó antes de que nosotros le pidiéramos perdón por nuestros pecados, tal y como se indica en Efesios 2:4 al 5. Toma en cuenta que no podemos controlar lo que las otras personas hacen, pero sí podemos hacernos responsables y controlar nuestras acciones, por lo que es necesario seguir el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo.

Permite que Dios te libere de todo rencor y amargura

Quizás hayas pensado que perdonar es sinónimo de olvidar y esto te hace sentir culpable, debido a que luego de perdonar aún sigues recordando a ofensa. Sin embargo, Dios nos entregó la memoria, y una de sus funcionalidades es protegernos de volver a cometer los mismos errores nuevamente. Es decir, nos ayuda a saber de qué situaciones debemos huir con base en experiencias pasadas.

Lo que sí ocurre cuando perdonamos, es que permitimos que Dios sane y limpie nuestro corazón de toda amargura y dolor a causa de la ofensa. También, controla nuestros pensamientos y borra todo deseo de venganza de nuestro corazón.

Es decir, aún podemos sentir tristeza por lo ocurrido, pero esto no significa que guardemos rencor. Aun así, es necesario seguir confiando en la justicia de Dios y en su poder para sanar todo dolor y traer restauración a nuestra vida. Se trata de un acto de fe y de amor hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia nuestro prójimo.

Mantente fuerte con la ayuda del Espíritu Santo

Perdonar muestra que tenemos el carácter de Cristo y la única forma de lograrlo es con la ayuda del Espíritu Santo, quien vive en nuestros corazones. Además, le demostramos a nuestro ofensor que sus actitudes no nos controlan.

Pero, para lograrlo, es necesario pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a ser más como Jesús y a vivir de acuerdo a su voluntad. Esto lo podemos ver en Colosenses 3:12 al 13, en donde se nos insta a revestirnos de afecto entrañable y a perdonarnos unos a otros.

Cuando perdonamos en lugar de buscar venganza por nuestra propia mano, demostramos que el Espíritu Santo nos ha transformado y tenemos un carácter más como el de Jesús. Sin embargo, es con su poder y su amor que logramos vencer todo rencor y odio, pues está en la naturaleza de Dios ser bondadoso, misericordioso y perdonador, es por ello que necesitamos de vaciarnos de nuestra naturaleza humana y llenarnos de la naturaleza Divina.

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