2 de corintios 4: 7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. 

Seguramente has escuchado más de una vez que somos vasos de barro en manos de Dios, y quiero explicarte a qué se debe esta concepción. Cuando leemos 1 de corintios 4, podemos ver como el apóstol Pablo hace relación a lo que somos en manos de Dios. 

El hombre es por así decirlo, una vasija de barro en manos de Dios. Porque el Señor, para nuestras vidas, nos moldea cada día, como el alfarero moldea sus piezas, o sus vasijas de barro, para llegar a la obra perfecta. 

El tesoro en nosotros es Cristo, por lo que podemos pensar que en nuestras naturaleza la concepción de nosotros es debilidad, o fragilidad, pero cuando la luz del evangelio nos toca, pasamos a hacer vasos de barro para que el poder de Dios se manifieste. 

Isaías 64: 8A pesar de todo, Señor, tú eres nuestro Padre;
    nosotros somos el barro, y tú el alfarero.
    Todos somos obra de tu mano.

Caminamos con la convicción que Dios día tras día trabaja en nuestras vidas para que su luz se manifieste de forma perfecta. 

Para llegar a ser una obra hermosa, debemos dejar que Dios moldee nuestras vidas, que pueda pulirnos hasta concebirnos como su obra maestra. 

Lo primero que Dios trabajará es nuestro corazón, el señor buscará sacar de nuestro mundo interior todo aquello que nos aleja, esos sentimientos del pasado que nos hacen perecer, que nos hacen claudicar. 

Como buen alfarero comenzará por nuestro corazón, para que la incredulidad, la falta de perdón, la tristeza, y los pensamientos incorrectos que no vienen de él, salgan de nuestras vidas. 

Dios trabajará en nuestra alma, él extenderá perdón sobre nuestra vida para que la redención de pecado se manifieste sobre nosotros. Nuestro padre como buen alfarero extenderá misericordia y perdón. 

Y luego nos irá moldeando en nuestro carácter, llevándonos a entender como es el carácter de Cristo el cual debemos imitar. El señor nos irá perfeccionando para hacernos hombres y mujeres dignos de su reino. 

A través de su infinito amor, de su inexplicable amor, el Señor irá dando forma a nuestras vidas de una manera maravillosa. Somos vasos de barro frágiles, para luego convertirnos en instrumentos dignos del Señor. 

Jeremías 18: 2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. 4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.

5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. 

La restauración de nuestras vidas tal vez no sea rápida, tal vez sea un proceso, pero de lo que no puedes dudar es que una y otra vez el señor nos moldeará para hacernos una nueva vasija, sacando todo lo que no proviene de él, para hacernos mejor.

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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