Hace algunos días hablaba con una mujer que me comentaba que tenía años batallando con una depresión, que una situación en su hogar con sus padres y su hermana la llevó a ella a esa condición. 

Esta mujer comentaba que en un lugar donde estaban, le decían que su condición era falta de oración, y que una persona de propósito no puede jamás dejarse vencer, o sentirse deprimido, pues este es un ataque diabólico.

Eso me puso a pensar en la vida del profeta Elías, este cuando Jezabel lo amenazó, sintió mucho miedo, y pasó por una gran depresión. ¿Quién podría imaginarlo?

Creo que uno de los problemas de las iglesias, o los creyentes es que subestimamos mucho algo como la depresión. Si una persona que conocemos pasa por esto, entonces de una vez pensamos que es causa de pecado, o ausencia de oración, pero no así sucedió con la vida del profeta Elías. 

1 de Reyes 19: Ahab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho y cómo había matado a todos los profetas de Baal. 2 Entonces Jezabel mandó a un mensajero a decirle a Elías: «Te voy a matar como tú hiciste con los profetas de Baal. Si mañana a esta hora no estás muerto, que los dioses me maten a mí».

3 Cuando Elías supo esto, se asustó tanto que huyó a Beerseba, en el territorio de Judá. Dejó a su ayudante en Jezreel 4 y anduvo por un día en el desierto. Después se sentó debajo de un arbusto, y estaba tan triste que se quería morir. Le decía a Dios: «¡Dios, ya no aguanto más! Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».

Todos en algún momento hemos usado esta frase que usó el profeta Elías, ¡Dios ya no aguantó más!, y no juzgo ni critico esta frase. Pues cada uno de nosotros debe saber lo difícil de la circunstancia que está pasando y lo difícil de superarla. 

En este caso, Elías huía de una mujer que lo quería matar, que quería acabar con él, sumándole a esto que la causa era haber acabado con todos los ídolos que adoraban a Baal. Dice la biblia que su tristeza era tan grande, que se quería morir. 

Todos hemos experimentado este tipo de tristeza, puede venir de una pérdida física, de un divorcio, de un negocio quebrado, de un hijo en vicios, un esposo ajeno a Dios, una enfermedad, una mujer necia, o cualquier otra condición que realmente nos haga decaer. 

En este caso a Elías lo perseguían para matarlo, por tal motivo le decía a Dios que ya no aguantaba más. 

Así muchas veces pasa en nuestras vidas, las temporadas grises vienen y se quedan un tiempo en nosotros. Son esos días donde pareciera que nada saliera bien, donde se truncan los negocios, donde llega la enfermedad, donde definitivamente nos sentimos derrotados. 

Y como te dije al principio, esto no es falta de oración, o una vida pecaminosa, a veces se trata de un proceso y de un trato de Dios personal con nuestras vidas. 

Pero lo que me sorprende no fue la depresión de Elías sino como actúo Dios. Dice la biblia que Dios mandó un ángel para que lo consolara, es decir, Dios no mandó un ángel para que le hablara, no mandó un ángel para que le refutará o lo exhortará, el solo mandó un ángel para que lo cuidara. 

5 Después se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido. Al rato un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come».6 Elías miró y encontró cerca de su cabeza un pan recién horneado, y una jarra de agua. Así que comió, bebió y se acostó de nuevo.

7 El ángel de Dios fue por segunda vez, tocó a Elías y le dijo: «Levántate y come, pues el viaje será largo y pesado». 8 Entonces Elías se levantó, comió y bebió. Esa comida le dio fuerzas para viajar durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que llegó al monte Horeb, que es el monte de Dios.

El ángel estuvo con Elías para consolarle, para llevarle comida, para atenderle. 

Creo que muchas veces el dilema que vivimos como cristianos es que en tiempos difíciles, cuando nos sentimos desfallecidos, habrá personas que no entenderán nuestros procesos y buscarán levantarnos sin antes consolarnos. 

Imaginemos por un momento al profeta Elias, deprimido, impulsado por el dolor, y el temor. Caminando por el desierto con un calor fulminante, sin duda, iba quedando sin fuerzas, por lo que la llegada del ángel solo fue un consuelo para su alma. 

En muchas ocasiones, cuando alguien vive un proceso difícil no hay que buscar hablar y decir, y decir, en muchísimas ocasiones nuestro deber como cristianos es servir de consuelo. El ángel lo tocó y le dio provisión. Así debería pasar en nuestras vidas. 

Cuando alguien que amamos o tenemos estima, pasa por un momento difícil, las palabras de fortaleza tal vez no sean tan buenas en ese momento, tal vez solo debas guardar silencio y acompañarle. 

Cuando despedimos a alguien físicamente, y estamos sumergidos en el dolor, siempre hay personas que sin pensarlo, o en piloto automático, usan frases como estas: ¡Levántate!, ¡deja el dolor!, ¡Vamos la vida continua!, y tal vez tengan razón, pero hay un momento específico para cada frase, tal vez en ese momento lo que la persona necesita es un abrazo, mucho silencio y una compañía que no tenga prejuicios, no diga muchas cosas, que solo le genere paz. 

Con todo esto quiero decirte que la depresión no siempre es un ataque del demonio, como muchos lo dejan ver, la depresión es un estado del alma que puede llegar a nuestras vidas en cualquier momento. 

No viviremos sumergidos en ella, pero también debemos saber qué pasará, pero que nada ganamos ocultándola. En el camino Dios te colocará personas que te ayuden a superar cada proceso, algunos te darán una palmada, otros te levantarán del suelo, y otros te cargarán en sus hombros. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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