Si bien es cierto que la amargura es un pecado, no podemos obviar que esta forma de carácter muchas veces nos complica la existencia. 

En nuestro diario caminar, cuando no logramos dominar nuestras emociones, no solo nos hacemos daños nosotros mismos, sino también daño a las personas que están a nuestro alrededor, basado en esto, debemos por todos los medios tratar de dejar que el espíritu santo sea quien domine nuestras emociones.

Cuando no logramos que el Espíritu Santo trabaje nuestro carácter, estaremos más propensos a dejarnos llevar por lo que sentimos, más que por lo que creemos, en tal sentido, debemos buscar la forma de que sea Dios, ministrando nuestras vidas. 

¿Qué debemos entender sobre la amargura?

Lo primero que debemos hacer es que un sentimiento de amargura no puede ser parte de nuestra personalidad, por lo que no puedes aceptarlo como normal. Este estado emocional, o mental, solo nos puede hacer vivir en un ambiente venenoso, que siempre termina por afectarnos. 

Aparte de eso, la amargura puede fácilmente cambiar nuestro estado emocional, y llevarnos a profunda tristeza. Y solo puede acarrear sentimientos de enojo sobre nuestras vidas, es por eso que debemos siempre irnos en contra de ella, y sacar de raíz todo lo que no viene de Dios. 

No hay duda, que cuando se actúa con discordia, rabia, resentimiento, o amargura, solo le abrimos la puerta a un sentimiento incorrecto que no viene nunca de parte de Dios. 

Efesios 4:31 

31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

El mismo Pablo lo escribía en una de sus cartas, nosotros no podemos dejarnos dominar por estos sentimientos incorrectos. Debemos ante todo, deshacernos de todo aquello incorrecto, que solo nos trae desánimo, odio, amargura y frustración. 

Antes de aplicar sentimientos de amargura, debemos ser misericordiosos como dice la biblia. Ser personas de temple estable, que no se dejen dominar por lo que sientes. 

Cuando no eres capaz de renunciar a sentimientos como este, vivirás siempre presionado y frustrado, porque todo tu entorno se volverá un caos. 

Pueden existir muchas causas de la amargura, pero ninguna de ella nos podrá dominar. Lo ideal es que siempre nos acerquemos a Dios, y ante él le pidamos que nos ayude a renunciar a esos pensamientos amargos. 

Muchas veces, hay personas que no toleran nada, y se irritan fácilmente, siempre tienen un semblante amargo, donde no buscan cambiar su actitud. Es por ello que terminan hiriendo a los que están a su alrededor. 

Cuando esto suceda, debes regresar a tu señor, y recordar que el señor murió en la cruz para que tu fueras libre de toda carga, incluso si esta tiene que ver con la amargura. 

El salmo 51:10 dice lo siguiente: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Cuando creas que no puedes sacar de tu vida esa raíz de amargura, pídele a Dios que cree un nuevo corazón sobre ti, que lo renueve y lo limpie, y que te de una nueva visión de vida, para que te haga una nueva persona. 

Dios es un Dios de misericordia, y él puede transformar nuestro corazón de piedra, en un corazón de carne. Solo debemos ser personas creyentes en fe, dejando que sea él, el que dirija nuestras vidas. 

Todos los derechos reservado APLICACIÓN LA BIBLIA – 5Cinco

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